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30/10/2009 - Marina Osuna Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Una réplica de La Almudena recuerda el lugar donde la talla original permaneció oculta casi 400 años.
El 'escondite' de la Virgen de La Almudena

En el siglo VIII la invasión musulmana era imparable. Temerosos, y sabiéndose el siguiente objetivo de los mahometanos, los madrileños se reunieron en la iglesia de Santa María para pedir por la protección de su venerada imagen de la Virgen. Era esta una talla de madera traída a Madrid desde Tierra Santa, según se cree, por un discípulo del Apóstol Santiago en el año 38 d.C. Tanto la querían los madrileños que acordaron esconderla en una zona de la muralla muy próxima a la iglesia que hasta entonces la guarecía. Y allí quedo la imagen, sepultada, con la única custodia de dos cirios encendidos. Testigo ciego de más de tres siglos de invasión musulmana. No existía documento alguno acerca de la ubicación exacta de la Virgen -así era más seguro-, de manera que el secreto pasó de boca en boca, generación tras generación. Cuando Alfonso VI ‘el Valiente’ liberó la ciudad, en el año 1805 quiso rescatar también la imagen de la Virgen pero, según la leyenda, la muchacha que custodiaba el secreto -llamada María-, lo había olvidado. Tal era el desconsuelo entre los madrileños que el 9 de noviembre de ese mismo año, el Rey Alfonso organizó una procesión real implorando la intervención Divina en aquel asunto. Cuenta la leyenda que al paso de la joven María por la Cuesta de la Vega, el muro se derribó dejando al descubierto la buscada imagen de la Virgen. Habían transcurrido 373 años y los cirios que la acompañaban seguían encendidos. 

Felices tras el milagro, los madrileños trasladaron de nuevo la imagen a la iglesia de Santa María, adquiriendo el título de Virgen de La Almudena, por haber estado oculta frente a un almudín o depósito de trigo. Aunque otra versión apunta a que la palabra deriva en realidad del término árabe Almudayna (en el muro). Sea como fuere, desde entonces se le considera Patrona de Madrid.

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