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31/03/2009 - Marina Osuna Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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La momia de la hija del doctor Velasco podría haber ‘vivido’ en este palacete, junto a sus padres.
El Museo Antropológico: la casa de una momia vestida de novia

Frente a la estación de Atocha se alza el Museo Antropológico. Un palacete de estilo neoclásico y fachada porticada del siglo XIX, que esconde una de las leyendas más extendidas de la capital. Inicialmente se construyó como residencia privada, salón de conferencias y museo etnológico. Su propietario, el doctor Velasco, invirtió en este edificio y sus colecciones cada céntimo que poseía. Lo dotó de una extensa variedad de fósiles, minerales, plantas tropicales, esqueletos de animales y una completa exposición dedicada al hombre, entre cuyos tesoros destacaba el esqueleto del conocido como ‘gigante de Alcocer’ (una pieza de 2,35 metros). 

Pero, ¿quién era el doctor Velasco? La historia lo recuerda como una eminencia de la medicina, un investigador y trabajador nato al que la fortuna sonreía, hasta que la muerte de su hija Concha, de 15 años, (1864) le cambió para siempre.  Según la leyenda, el doctor no se resignaba a vivir sin su hija. Así, antes de enterrarla en el cementerio de San Isidro, la embalsamó, usando sus propias técnicas para exhumar el cadáver en 1875. Dicen que la encontró tan bien conservada que decidió momificarla y llevársela a casa, en contra de la voluntad de su mujer y sus amigos. Poco después comienza a correr por Madrid el rumor de que la pálida hija, vestida de novia, miraba fijamente a los invitados desde una vitrina que el doctor instaló en su gabinete. Además, una vez por semana el cadáver acompañaba a sus padres a la mesa e incluso, afirman, que fue vista paseando en su carruaje a altas horas de la noche. En la prensa y los mentideros de la Villa no se hablaba de otra cosa, y los madrileños, temerosos, optaban por no acercarse a la casa-museo del doctor. Tal fue la presión que finalmente Concha fue enterrada bajo el suelo de la casa y se cree que en la actualidad su cadáver se conserva en la Facultad de Medicina. ¿Leyenda o realidad?

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