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04/01/2011 - Sara Morales Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Obra del ingeniero y arquitecto sevillano Carlos María de Castro, el anteproyecto del primer Ensanche se aprobó mediante Real Decreto de 19 de julio de 1860.
150 años del primer ensanche de Madrid
De este proyecto nacieron distritos como Salamanca, Retiro, o Chamberí.

Con motivo del 150 aniversario del Plan Castro, del que surgió el primer Ensanche de Madrid y del que nacieron barrios como Salamanca o Chamberí, Retiro o Argüelles, el Área de Urbanismo y Vivienda  ha creado en Internet (www.madrid.es/urbanismo) un apartado con información relativa a un proyecto que sentó las bases del Madrid moderno y reforzó su posición como capital de España. Además, los ciudadanos puedan formular preguntas relacionadas con este hito del planeamiento urbano de Madrid. Técnicos municipales, arquitectos y urbanistas les responderán.
La documentación publicada en Internet permite un mayor conocimiento de los objetivos y efectos del Plan diseñado por el ingeniero y arquitecto sevillano Carlos María de Castro, cuyo Anteproyecto se aprobó mediante Real Decreto de 19 de julio de 1860. Entre esta documentación, destaca una cronología de su gestación, desarrollo y ejecución entre 1857 y 1898, así como distintos planos que muestran la evolución de la ciudad, entre ellos, los de Ibáñez Ibero, Facundo Cañada y Núñez Granés, foto-planos de 1927 y ortofotos de 2009 y 2010. Y también la Memoria Descriptiva del Anteproyecto de Ensanche de Madrid, redactada por Carlos María de Castro. Al tiempo, se ha establecido una vía de comunicación para formular preguntas o solicitudes de información, que serán respondidas por técnicos de Urbanismo y  por arquitectos y urbanistas especializados.

Castro, Cerdá, Hausmann
El Ensanche de  Carlos María de Castro es de extraordinaria importancia para la evolución de la Ciudad de Madrid, al igual que el de Ildefonso Cerdá para Barcelona, o el del Barón Haussmann, en el caso París. Los tres impulsan a finales del XIX un proceso de transformación de sus ciudades de hondo calado, con la incomprensión de sus contemporáneos en muchos casos, pero que ha alcanzado general reconocimiento por introducir nuevos conceptos, racionalizar el uso del espacio, mejorar la salubridad y, en definitiva, sentar las bases  del urbanismo del futuro.

Para valorar las dimensiones de este proyecto y el mérito de quien lo llevó a cabo hay que situarse en el contexto histórico del Madrid de finales del XIX, un momento en el que la capital veía limitado su desarrollo por los estrechos límites físicos que le marcaba la antigua cerca construida por Felipe IV en el siglo XVII, en cuyo interior vivían más de 200.000 habitantes. La ciudad así configurada no tenía capacidad para responder a las necesidades de la capital del Estado en los albores del siglo XX, y con escasez de viviendas y deficientes condiciones higiénico-sanitarias.

Surgió entonces el debate entre los partidarios de extender la ciudad fuera de sus cercas o murallas, y los defensores de la reforma interior, que concluye con la elaboración del Plan Castro, que transformaría físicamente la ciudad, triplicando el espacio urbano, que pasó de tener 800 hectáreas en 1.850 a 2.294 a finales de siglo.

Un modelo nuevo
Con el Plan Castro, se planificó por primera vez un modelo de ciudad nuevo, que contribuía a alcanzar cinco grandes objetivos urbanísticos y sociales: en primer lugar, mejorar la calidad de vida de los habitantes de Madrid, al concebir un modelo urbano y residencial más sostenible, que incrementaba notablemente las condiciones higiénicas. Castro, en este sentido, sentó las bases generales de los nuevos principios de edificación en Madrid, relativos a aspectos esenciales como la altura de los edificios, configuración de las manzanas, anchura de las calles, ventilación o condiciones higiénicas.

El segundo objetivo alcanzado por el Plan Castro, fue el redimensionamiento del espacio urbano, respondiendo así al proceso migratorio, que provocaba graves hacinamientos en la ciudad histórica. En tercer lugar, integró las nuevas infraestructuras en la ciudad, contribuyendo decisivamente a la modernización de Madrid. El cuarto objetivo alcanzado, que se deriva del anterior,  es la configuración de una ciudad más competitiva, al planificar las áreas de actividad económica dando respuesta al desarrollo industrial de la época. Finalmente, el presenta un importante valor añadido, al diseñar los procedimientos que permitirían llevar  a cabo su desarrollo.

Pese a que la aplicación material del Plan Castro terminaría desvirtuando algunas de las propuestas originales de su autor, desde la perspectiva que dan los 150 años transcurridos, existen hoy pocas dudas de que constituye el primer gran esfuerzo de modernización de la ciudad. De hecho, los barrios surgidos del Ensanche de Castro -entre ellos, los de Salamanca, Retiro, Chamberí o Argüelles- construirán la imagen del Madrid del siglo XX.

 









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