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10/10/2007 - Verónica González Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Vecinos y peatones se quejan de los skaters
Culpan a estos jóvenes patinadores de estropear el mobiliario urbano de zonas como la Plaza de Colón o Felipe II, así como de impedir que los peatones circulen normalmente.

Son fáciles de identificar. Aman el rap y los graffitis, visten ropa ancha, zapatillas deportivas y van siempre acompañados de su fiel compañero, el monopatín. “Ser skater y patinar es una filosofía de vida. Una necesidad”. De esta manera tan entusiasta describe su afición José, un joven de 16 años que acude cada sábado a la Plaza de Colón para probar nuevas piruetas y saltos. Y es que esta tribu urbana tiene las calles y las plazas del distrito de Salamanca como principal punto de encuentro.

Aprovechan las escaleras, los bordillos, las barandillas, los desniveles y hasta las fuentes de la ciudad para completar arriesgados y espectaculares ‘vuelos’. Sin embargo, muchos residentes de la zona no disfrutan de su presencia. Los consideran intrusos, pues ocupan espacios públicos destinados al descanso y al ocio de los madrileños. Jesús, por ejemplo, vive muy cerca de la Plaza de Colón, en la calle de Goya. Hace años que ha renunciado a pasear por los Jardines del Descubrimiento durante los fines de semana por el temor a que uno de estos skaters le arrolle. “Soy mayor y ya no puedo sortear a estos chicos. Ellos patinan muy rápido y yo camino muy lento”, confiesa apenado este anciano vecino.

Otros residentes más jóvenes se quejan también de los desperfectos que los patinadores producen en el mobiliario urbano. El pavimento y los asientos de piedra de Colón son los más afectados. También en el monumento a la lectura de Felipe II, cuya pequeña pendiente es utilizada como rampa de lanzamiento, son ya visibles los daños. Mercedes, una vecina de la calle Fuente del Berro, va más alla y pide que la Policía Municipal multe estos comportamientos: “El Ayuntamiento ha invertido mucho dinero  en arreglar la Plaza de Felipe II y no es justo que estos chicos la estropeen ahora con los monopatines. Deberían multarlos”. Y basta con preguntar a alguno de los jóvenes para comprobar que sí lo hacen.

Sin embargo, la mayoría opta por no pagar las sanciones. Uno de ellos es Chema, de 28 años, un skater con mucha experiencia sobre su monopatín. “Tengo cinco o seis multas pendientes, pero no pagaré. La Policía nos persigue como si fueramos delincuentes y es una pena porque lugares como Colón son conocidos por skaters de todo el mundo. Nosotros somos una de las atracciones de la plaza, le hemos dado vida”, asegura. Esta presión policial obliga a los jóvenes a agudizar el ingenio y a buscar nuevos spots o lugares para patinar. Muchos han cambiado Colón por las inmediaciones del Hard Rock, por Felipe II o por los bajos del Puente de Juan Bravo, pero muy pocos optan por las zonas de obstáculos ha-bilitadas para ellos en algunos municipios. Prefieren la ciudad. Chema lo tiene claro: “Queremos una plaza en Madrid de uso exclusivo para los skaters”.

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