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29/05/2009 - Almudena Cortés Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Esta es sólo una de las denuncias de los vecinos, la ropa tendida en la terraza, algo prohibido por la comunidad de propietarios.
La familia se ‘cuela’ en el patio del bloque, en el que no se puede entrar.
El traslado de una familia de realojo permite ‘respirar’ a sus vecinos
Los vecinos del edificio número 141 de la Avda. de Canillejas a Vicálvaro han presentado varias denuncias por escándalos e incluso por amenazas.

Ha sido poco tiempo -alrededor de un mes y medio-, pero el suficiente para que alguna de las familias afectadas se haya planteado el cambiar de domicilio. Se trata de los 88 vecinos del número 141 de la Avenida de Canillejas a Vicálvaro. Uno de los pisos de este bloque ha sido comprado por la EMVS (Empresa Municipal de Vivienda y Suelo), al igual que otros de los edificios cercanos, y se están utilizando para realojar a familias en una situación económica delicada. Concretamente en el portal 141, vive una familia de etnia gitana, que ha estado creando importantes problemas de convivencia entre los vecinos. “Es un tema delicado; no es un asunto de racismo, sino de convivencia”, explica uno de los vecinos afectados. Y es que denuncian que, en este tiempo, “hemos vivido un infierno, que parece que va a acabar pronto”; ya que, tras numerosas denuncias de los vecinos y varias visitas de los asistentes sociales a la vivienda, parece que se ha tomado la decisión de trasladar a la familia a otro distrito. 

A pesar de que supuestamente la familia realojada estaba formada por siete componentes, los vecinos aseguran que “en esa casa vivía más gente”. Durante este tiempo han denunciado que esta familia no ha respetado las normas básicas de convivencia, como son la limpieza o los espacios comunes. 

“No respetan las normas básicas de convivencia, escupen en la escalera y el portal, e incluso el portero tiene que echar polvos de azufre en las esquinas del portal”. Denuncian también su falta de respeto a las zonas comunes del bloque, ya que en numerosas ocasiones se han ‘colado’ en el patio interior al que “legalmente no se puede acceder, sólo se utiliza para tender la ropa”. 

La utilización de pisos comprados por la EMVS para realojar a familias en una delicada situación económica, es un método cada vez más utilizado, y en muchas casos crean problemas. Ya en otros distritos han surgido denuncias de vecinos por tensiones en la convivencia. 

En este caso, la situación ha acabado con una promesa por parte de la asistente social que ha seguido el caso, de que esta familia abandonará en breve la vivienda y serán trasladados a otro distrito, debido a las numerosas denuncias recogidas y la comprobación de que realmente son  personas que no han colaborado en su integración. 

Es más, son muchos los vecinos que no entienden el por qué se destinan estas viviendas para este fin. “No entiendo que mi dinero, el dinero de todos, se vaya a pagar la vivienda a gente que no sabe convivir, cuando hay muchos jóvenes que lo necesitan de veras”, se queja uno de los vecinos que también ha asegurado que los alquileres a pagar por estas familias son muy bajos, “pagan sólo  174 euros mensuales”, afirma. 

Escándalos y amenazas 

La mala convivencia con los realojados ha producido encontronazos que, en algunos casos, han llegado incluso a las amenazas.  “Una vecina aparcó su coche frente al portal, y uno de los gitanos la amenazó diciendo que si volvía a aparcar ahí, le cortaba el cuello. Actúan como si esto fuera suyo”, narra el vecino. Y esta vecina no ha sido la única, el portero de la finca reconoce también haber sido amenazado y estar  cansado de la situación. 

Algunos de los vecinos aseguran que, desde que esta familia vive en la zona, la policía ha tenido que acudir “más veces que en todos los años que llevo aquí viviendo”. Coches en doble fila, música alta, escándalos en la calle, etc. Aseguran que recientemente se han producido algunos robos en el interior de automóviles, así como un atraco en un bar cercano al portal. A pesar de que no afirman que los asuntos estén relacionados, reconocen que “es mucha casualidad; este era un barrio tranquilo hasta que han llegado”.

Tras saber que esta familia abandonará el piso, se sienten aliviados, aunque creen que esto sólo “aleja el problema hacia otro lugar”. 

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