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19/07/2016 - Redacción Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Imagen de la presentación.
La biblioteca de San Fermín, un proyecto fruto de la colaboración entre vecinos y el Ayuntamiento
Más de 400 ciudadanos y técnicos municipales han consensuado el trazado del edificio, la distribución de usos o el diseño de la fachada

Hoy se ha presentado el proyecto de la biblioteca del barrio San Fermín, en el distrito de Usera, elaborado por la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo en base al proyecto participativo en el que 400 personas, entre vecinos y técnicos municipales, han consensuado el trazado del edificio, la distribución de usos o el diseño de la fachada.

El acto, que ha tenido lugar en la sede del Ayuntamiento, ha contado con la presencia de la delegada de Cultura y Deportes, Celia Mayer; la directora general de Intervención en el Paisaje Urbano y el Patrimonio Cultural, Marisol Mena, y el presidente de la Asociación de Vecinos de San Fermín, Víctor Renes.

En la sesión, Celia Mayer ha subrayado la importancia que tienen los procesos participativos en la nueva política cultural. “Este es un ejemplo de coordinación entre la administración y la ciudadanía, un proyecto piloto que permite plantear una nueva forma de repensar y concebir los equipamientos públicos culturales”.

Una biblioteca diseñada con muchas voces y miradas

El trazado de la geometría del edificio, la distribución de usos y actividades dentro de la biblioteca, así como el diseño de sus fachadas y la definición de los usos culturales en el espacio libre de parcela han sido fruto del consenso entre los servicios técnicos municipales y el proceso de participación ciudadana. La directora de Intervención en el Paisaje Urbano y el Patrimonio Cultural, Marisol Mena, ha detallado las características del nuevo equipamiento y ha destacado que “la participación ciudadana permite repensar los equipamientos culturales y acercar la administración a la ciudadanía”.

El resultado es un edificio de 3.130 metros cuadrados construidos. Un edificio innovador que responde a múltiples necesidades culturales, similar a los que están emergiendo en Europa. Tras esta primera etapa de redacción del proyecto arquitectónico, se prevé que comiencen las obras en la primavera de 2017 y tras 18 meses de ejecución, se inaugure en diciembre de 2018.

El equipamiento se ubica en una parcela de unos 1.900 metros cuadrados y se ha estructurado en tres plantas y un sótano. El programa de usos responde a una organización de espacios de mayor ruido a silencio de manera progresiva, proyectado sobre grandes espacios diáfanos, a petición expresa de los futuros usuarios.

Así el sótano es la planta en la que se desarrollan las actividades orientadas a los usuarios más jóvenes como ensayos, grupos de debate, música, además de un espacio de gestión vecinal con entrada y horarios diferenciados de la biblioteca.

La planta baja es la “de la calle o de la charla”, que está destinada a actividades como leer cuentos y los periódicos, intercambiar información, multimedia, juegos de mesas, sala de descanso, zona infantil en atención a los que cuidan. Es la continuación de la plaza cultural exterior con diferentes rincones y alturas.

“Planta de los susurros”

En el primer piso se sitúa la “planta de los susurros”. En ella, los usuarios pueden disfrutar de los usos que requieren un nivel mayor de concentración y estudio, donde se dispone de una gran sala de préstamo de libros, otra de gran tamaño para el estudio, con zonas de reunión y trabajo grupal, donde leer en silencio o escuchar música con cascos, o una sala para formación, sobre todo en informática o talleres.

Por último, la planta ático o del silencio: una sala para usos individuales donde se fomente la concentración y el aislamiento: lectura y estudio. Ésta es una zona completamente silenciosa, que se combina con otra mucho más informal, con alfombras y sillones que permitan una actitud relajada mientras se lee o estudia. Este espacio se comparte con una terraza verde y visitable de 230 metros cuadrados.

Sin duda, la identidad de esta biblioteca es su “biblio-plaza”, un espacio cultural exterior de 1.022 metros cuadrados, que ofrece un carácter muy singular a la biblioteca San Fermín, por su diseño y definición coherente con el edificio. Es un lugar cultural donde leer, crear, estar, donde proyectar cine de verano, hacer teatro bajo los árboles, jugar o comer, jugar a juegos de mesa o trabajar con el ordenador, pero siempre en relación con las actividades y usos culturales.

Asimismo, Mena ha explicado que el inmueble “se ha diseñado bajo los criterios de sostenibilidad energética aprobados en el pleno municipal del pasado mes de mayo”.

En el proyecto se ha tenido especialmente en cuenta la definición de una envolvente que permita la máxima limitación de la demanda energética en función del clima y de la exposición a la radiación solar, además de responder a la demanda vecinal de ser una edificación permeable abierta al espacio exterior, que permita incorporar sensorialmente la presencia de las masas arbóreas de la propia parcela

Proceso participativo

La biblioteca de San Fermín es un equipamiento que las vecinas y vecinos de dicho barrio venían demandando desde hace más de veinte años y cuyo proyecto han elaborado los habitantes del barrio, arquitectos y bibliotecarios. El presidente de la Asociación de Vecinos de San Fermín, Víctor Renes, ha señalado cuáles han sido para los habitantes del barrio las ideas clave de este proyecto. “Queríamos que fuera un elemento de identidad de San Fermín, de su vida cultural y de dinamización del barrio”, ha señalado. ”Y creemos que lo hemos conseguido –añade– porque el proyecto es el de un edificio funcional, que se adapta a las distintas dinámicas culturales del barrio, a usos y perfiles sociales diferenciados”.

En 2015, el Ayuntamiento de Madrid aprobó la construcción de la biblioteca sobre un solar situado en el corazón de San Fermín, junto a la plaza del mismo nombre. El proceso comenzó en septiembre con la formación de un grupo motor, integrado por técnicos municipales y vecinos, cuya primera labor fue cartografiar los recursos del barrio y detectar todos los colectivos que deberían estar representados.

Entre las actividades organizadas por este grupo, con la colaboración de un equipo de dinamización, destacan la puesta en marcha de talleres en el colegio y en el albergue del barrio a fin de recoger la opinión de niños y jóvenes, la organización de actividades especiales en las fiestas vecinales o la utilización del tradicional “bibliocarro” como buzón de sugerencias.

En una segunda fase empezó el trabajo de los técnicos municipales de la dirección general de Intervención en el Paisaje Urbano y el Patrimonio Cultural, la dirección general de Bibliotecas, Archivos y Museos y de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo. Un proceso de “ida y vuelta” donde los técnicos han ido mostrando los avances del proyecto y los vecinos los han contrastado hasta llegar a una solución que todos los que han participado en este proceso sienten como propia.









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