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12/05/2011 - Francisco Gavilán Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Ermitage
El paraíso del arte. Los españoles que viajan a San Petersburgo encuentran en este museo el despertar de nuevas emociones.

Dicen que “si un visitante del Museo Ermitage dedicara un minuto a contemplar cada obra de arte, se demoraría más de cinco años para verlo en su totalidad”. No en balde, este museo atesora casi tres millones de piezas. El Ermitage es un imán que atrae cada año a millares de españoles. Pero estos ya no lo visitan por una cuestión de prestigio personal. Para poder intercalar en sus conversaciones su máxima experiencia museística. Su modo de mirar el arte ha cambiado en las últimas décadas. (Sólo hay que observar las colas que se forman en los museos españoles cada vez que se presentan exposiciones itinerantes). Viajar a San Petersburgo para visitar el -probablemente- mejor museo del mundo es hoy para los españoles una experiencia única. La oportunidad de hacer un descubrimiento extraordinario y convertirlo en un instrumento para el autoconocimiento y el perfeccionamiento cultural.

‘Yo estuve allí’
Es cierto también que algunos acuden al Ermitage sin haber pisado nunca el Museo del Prado de Madrid. Son esa clase de turistas más interesada en el city tour y en adquirir muñecas matryoshka. Aún así, estos viajeros también sienten la “obligación moral” de visitar ese paraíso del arte. No hacerlo les desacreditaría en su círculo social como personas culturalmente insensibles. El cliché ‘yo estuve allí’  funciona para ellos como coartada cultural. Un síntoma que, no obstante, puede derivar en muchas ocasiones en un verdadero interés por el arte.

Sin embargo, para la mayoría de españoles, visitar el Ermitage es ahora un objeto del deseo. De entrada, les impacta la magnitud de un museo que ocupa cinco edificios unidos y reúne millones de obras de arte desde los tiempos más remotos hasta el siglo XX. La dimensión de este museo es tan abrumadora que para visitarlo es indispensable programar la visita, con el fin de seleccionar lo imperdible: Matisse, Cézanne, Van Gogh, Picasso, Gauguin, y los impresionistas. Pero lo que uno no debería perderse es tanto que la elección es harto difícil. Hay 322 salas. La única alternativa es: ¡volver!

Lo que ningún español pasa por alto es una de las mejores colecciones de pintura española ubicada fuera de su país. En sus grandes salas, decoradas con vasos de lapislázuli, se pueden admirar obras de El Greco, Velázquez, Ribera, Zurbarán, Murillo y Goya. Esta riquísima colección de los pintores españoles del Siglo de Oro fue adquirida en una época (1814) en la que el museo compraba las obras de arte que consideraba imprescindibles para reflejar con plenitud la historia del arte. Las inconmensurables colecciones del Ermitage se deben, en parte, a que Catalina la Grande las adquirió para que su galería no fuera superada por las de otros monarcas. En la actualidad, el interés de los españoles por las obras de arte denota ansias de conocer, admirar y satisfacer sus necesidades emocionales. Porque el viajero que elige como destino San Petersburgo ya no se conforma con ver la ciudad conforme el programa que marca su agencia de viajes. Quiere sentir otras emociones. Y eso es, precisamente, lo que más generosamente le ofrece el Museo del Ermitage.

 









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