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26/10/2007 - Francisco Gavilán Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Kuala Lumpur
Una ciudad llena de sabor y de exóticos contrastes

¿Sabías que casi la mitad de la exportación maderera mundial proviene de Malasia?

No es nada extraño, por tanto, que los afortunados viajeros o turistas que deciden  descubrir este apasionante país se traigan de recuerdo alguna escultura en madera. Como la de esos célebres bustos femeninos perfectamente tallados. Aunque el mejor souvenir es, sin duda, el que retendrán para siempre en su memoria fotográfica. No en balde, al país malayo le encajan de verdad todos los tópicos que a menudo figuran en los reportajes turísticos: "playas paradisíacas", "paisajes exóticos", "gente hospitalaria",  etc. Pero antes de adentrarnos en sus selvas tropicales, bosques, y manglares, para experimentar aventuras de todo tipo en su exuberante entorno parece casi obligado comenzar por describir las múltiples sensaciones que Kuala Lumpur, su capital, transmite al visitante nada más aterrizar en el aeropuerto de Klia (por cierto un modelo de eficacia).

Un abigarrado crisol multiétnico compuesto de malayos, chinos, indios y otros indígenas conforman un escenario que no deja de sorprender al recién llegado. Una vez acomodado éste en alguno de sus confortables hoteles, le asalta pronto el deseo de pisar las calles, para palpar la realidad. La capital malaya es actualmente una moderna y pujante ciudad, en la que se cuecen casi todas las actividades sociales, políticas y culturales del país. Deambular por las callejuelas del centro es todo un espectáculo. Los mercadillos callejeros de Jalang Petaling y Chinatown, por ejemplo, exhiben una extensa gama de artículos. Desde los más típicos de la artesanía local hasta los que representan el último grito en novedades electrónicas, de producción propia, o "Made in Japan". Todo ello, en medio de una mezcla indescriptible de estímulos olfativos. Olores a aceites con los que fríen la carne de cerdo, el pato laqueado o las bananas, junto con el de los pinchos morunos cruzados por agujas de bambú. O el de las especias picantes. O el de las frutas tropicales como papayas o mangos.

Este show también puede contemplarse desde las cómodas terrazas de cafeterías en las zonas de Munshi Abdullah y Campbell, con el telón de fondo de los inmensos rascacielos de la capital, del que destaca, entre otros, el de las conocidas torres gemelas Petronas, con sus casi 500 metros de altura (el edificio más alto del mundo) y 88 pisos. Desde el puente que une ambas torres, en el piso 44, máxima altura de ascenso permitida a los turistas, pueden admirarse interesantes panorámicas de la ciudad.

Las casas coloniales y medievales, así como las de estilos budistas, hindúes o chinos han dado paso hoy a una arquitectura futurista. La transformación urbana es un síntoma de que nos hallamos en un país no demasiado extenso, pero de rápido crecimiento económico gracias a sus reservas energéticas. La arteria Turku Abdul, donde se ubican los principales hoteles, bancos y restaurantes, es un reflejo de su prosperidad. En el itinerario urbano hay lugares imperdibles. Como el de los templos hindúes de las grutas Batu Caves. Los que quieran conocerlas han que subir 270 escalones. Pero el esfuerzo merece la pena. Los graciosos monos que merodean la escalinata lo alivian. La mezquita azul de Sha Alam, el Lago Garden, donde se encuentran los hibiscus y las orquídeas cerca de los ciervos y las mariposas, el Museo Nacional, y el templo de Sri Mariamman son otros puntos de interés. Sin olvidar la plaza Merdeka, una ciudad-jardín de notable atractivo arquitectónico. Así es esta antigua ciudad real que una vez fue hogar de sultanes…

Oficina de Turismo Malasia Paris,
Tel. 00 33 (0)142974171.

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