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07/07/2009 - Francisco Gavilán Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Lübeck

Visitar las ciudades alemanas es no agotar la capacidad de sorprender al viajero, porque para describir el centro histórico de Lübeck, por ejemplo, sólo hay un participio: sorprendente. Si este viajero tuviera, además,  la posibilidad de contemplarlo desde el aire, se le antojaría que está sumido en un cuento de hadas del que preferiría no despertar. Como esta perspectiva no está al alcance de muchos, disponerse a conquistar el centro histórico con las suelas de los zapatos, es otra de las alternativas más seductoras.

El casco antiguo, rodeado de agua por todos los costados, es una impresionante imagen medieval de la arquitectura gótica en ladrillo. No en balde, casi resulta obvio decirlo, este centro histórico -prácticamente una isla- fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. En él los lugares de interés turístico son numerosos: la Iglesia de Santa María, el Ayuntamiento, el edificio de la Cancillería, el emblema de Travemünde, el barco de cuatro mástiles “Passat”, el Hospital Espíritu Santo, y, muy especialmente, la Iglesia de San Pedro, que ofrece una fascinante panorámica de la ciudad desde su torre.

Pero, de todos ellos, merece la pena destacar de un modo particular la Puerta de Holstentor (en la fotografía), construida entre 1464 y 1478. Es el monumento más característico de la ciudad, y también el más conocido en todo el mundo, con sus gruesos muros de 3,50 metros de altura y  mejor conservado de la Edad Media. El casco antiguo de Lübeck  no es, aunque de lejos pudiera parecerlo, ningún bello decorado cinematográfico para regalar los ojos del visitante, sino un auténtico escenario que refleja no sólo la vida cultural, política, social, sino el importante papel que su puerto de navegación jugó en la Liga Hanseática y también en la actualidad. Porque Lübeck sigue siendo hoy una ciudad portuaria y comercial en la que, además, en su balneario marítimo Travemünde hay un puerto de transbordadores en el que se desarrolla un intenso tráfico con Escandinavia y los Países Bálticos.

Por otro lado, el mundialmente famoso escritor y Premio Nobel Thomas Mann, hijo natal de Lübeck, no podía haber elegido mejor escenario para su novela Die Buddenbrooks que el de su propia ciudad, de la que tanto le inspiró su decadente burguesía. De hecho, en el número 4 de Mengstreet se puede visitar la casa-museo de la familia Mann. Porque no sólo él fue el único artista del grupo. Ninguna otra familia en esa época  congregó tantos hombres y mujeres con tan variados temperamentos artísticos como la del célebre escritor. Detrás de las históricas fachadas de su casa, se construyó el moderno centro Heinrich y Thomas Mann, un lugar ideal para profundizar en el análisis de la vida y obra de los dos hermanos. Otras dos casas-museos se dedican también a personajes importantes nacidos en la ciudad como son el escritor Günter Grass y el canciller Willy Brandt.

Si de gastronomía se trata, nunca hay que descartar en Lübeck visitar el restaurante Schiffergesellschaft. En él se sirve pescado local de la tradición Hanseática y, como colofón, terminar el ágape en el Café Niederegger. Allí te espera una porción de un riquísimo pastel de mazapán, típico de la ciudad. Todo ello, junto con el extenso programa de festivales de música, concurso de regatas, etc., que se celebra en Lübeck hacen de esta ciudad una de las más atractivas de Alemania.

www.franciscogavilan.net.
Más info: Oficina Nacional Alemana de Turismo. c/ San Agustín, 2-1ª dcha. 28014 Madrid. Tel. 914 293 551
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