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30/05/2008 - Marina Osuna Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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El hipermercado ha intentado deshacerse de los productos a distintas horas para evitar el problema.
Indigentes y jubilados recogen comida de la basura en La Catalana
Acuden a diario a esperar que Lidl se deshaga de los productos ya retirados de la venta. Algunos duermen en un autobús desguazado de la parcela colindante, otros seleccionan lo que les sirve y tiran lo demás. Los vecinos, hartos de aguantar, han denunciado la situación.

Hurgar en las basuras puede parecer algo propio de épocas pasadas. Pero en pleno siglo XXI, hay personas que siguen pasando mañanas enteras a las puertas de un supermercado esperando para recoger lo que desperdician. Naranjas, pan, huevos, embutidos,…, cualquier producto es válido si, aunque caducado, está en buen estado. Lo sabe bien un grupo de personas que desde hace varios meses se reúne a las puertas de Lidl en La Catalana. Unos afirman hacerlo por necesidad, “la pensión es baja y no llega para todo”; otros sin embargo lo toman como un hobby; y para algunos en cambio es simplemente un acto rutinario al que les empuja su estilo de vida. Independientemente de las razones de cada cual, lo cierto es que los vecinos de la zona están hartos de esta situación. Afirman que desde hace meses, los restos de comida y otros desperdicios que abandonan en los solares contiguos al hipermercado, han provocado la aparición de ratas y otros insectos. “Es una vergüenza. Está todo muy sucio”, manifiesta una vecina. Indignados, explican que han mantenido conversaciones con responsables de la empresa para pedirles que busquen otro destino a los productos que desechan.

Pero los días pasan y las basuras acumuladas se amontonan. “Hay dos grupos diferentes -asegura una vecina-, gente que vive en la calle y vecinos que viven en otras zonas de Vicálvaro y pasan la mañana esperando aquí”. Los que viven en la calle aparecieron hace casi un año. Duermen en un autobús desguazado, ubicado en la parcela aledaña al supermercado, propiedad de los dueños de una conocida frutería del distrito y merodean por los alrededores. Uno de los empleados del citado hipermercado aseguró a este periódico que, en ocasiones han comprado vino en la tienda y con eso, esperan en las inmediaciones a la hora en la que puedan hacerse con alguno de los alimentos que se retira de la venta. 

Por otro lado, los que bajan desde otras zonas del distrito son jubilados o algún matrimonio joven de extranjeros. Según los vecinos, llegan a las 9.30 horas y no se van hasta que consiguen algo. Luego, con el botín en las manos, se dirigen hacia otra de las parcelas aledañas al hipermercado y allí, bajo un árbol, seleccionan lo que se quedan y lo que desechan. Ellos afirman que cogen desperdicios por necesidad, “y luego lo dejamos todo muy limpio”, pero los vecinos aseguran que, en algunos casos se trata de personas con varias propiedades en el distrito y creen que pueden estar vendiendo parte de lo que recogen.

Solución a la vista
Durante las últimas semanas, las quejas han surtido efecto y el pasado 29 de mayo, una grúa retiraba el autobús en el que pernoctaban algunos de los indigentes. Además, según afirma una vecina, la coordinadora del hipermercado le ha asegurado que van a iniciar los trámites para hacer llegar todos esos productos retirados de la venta y en buen estado, a determinadas organizaciones, con el objetivo de acabar con un problema que también les perjudica. Una puerta abierta a la esperanza de estos vecinos que ya respiran un poco más tranquilos.

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