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07/09/2010 - Luis Merlo Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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El Desempleo en España
Actualizando los derechos de los trabajadores
Un moderno emprendedor debe ser muy consciente de los derechos de sus trabajadores y no estamos hablando de los falsos y demagógicos “derechos” tan cacareados por políticos y sindicalistas

Un moderno emprendedor debe ser muy consciente de los derechos de sus trabajadores y no estamos hablando de los falsos y demagógicos “derechos” tan cacareados por políticos y sindicalistas que sólo los utilizan para manipularlos. Nos referimos a los auténticos derechos de los cuales a menudo ni los propios trabajadores, confundidos por la cháchara oficial, tienen conciencia.

Al hablar sobre estos derechos nos referimos a los auténticos trabajadores, no a los vagos que a veces se insertan en las organizaciones al amparo de legislación demagógica, trabajadores son aquellos que aportan a la empresa lo mejor de sí mismos en cuanto a rendimiento, ideas e iniciativas en justa contrapartida a un puesto de trabajo bien remunerado y a un trato profesional.
 
Es interesante constatar que en la historia del desarrollo industrial, las mejoras de contratación logradas por los trabajadores no son fruto ni de medidas gubernamentales ni de acción sindical sino que fueron libremente otorgadas por empresarios avezados que buscando mayores rendimientos descubrieron que los mismos van parejos con el grado de bienestar y satisfacción de los trabajadores.
 

Tal como el primer y trascendental paso dado por Henry Ford en 1919 de duplicar los salarios con la intención de convertir a los trabajadores en consumidores. Medida que con gran reluctancia unos y hesitación otros, todos los empresarios del mundo se vieron obligados a imitar.

 
La evolución experimentada por los trabajadores que de ser entes explotados por los empresarios de la Revolución Industrial han pasado a ser, en las empresas más evolucionadas, un trabajador/accionista bien remunerado y que participa en las decisiones de la empresa, es fruto del propio desenvolvimiento del proceso capitalista y ante todo del desarrollo de la ciencia del Management.
 
La evolución de la ciencia de gestión de organizaciones o Management ha contribuido sensiblemente a cambiar el enfoque de los directivos hacia sus trabajadores. El Management se basa en la premisa que: “El hombre gusta de trabajar siempre y cuando derive de su trabajo una satisfacción de orden psicológica”
 
Como resultado, a mayor satisfacción, mayor será el rendimiento.
 
Las obligaciones de un ejecutivo moderno también han evolucionado; de ser responsables de los resultados y la salud a largo plazo de su empresa, es decir una obligación orientada exclusivamente a los accionistas, han pasado a asumir responsabilidades también respecto a otros colectivos vinculados a la organización: los empleados, los clientes, los proveedores y finalmente la sociedad donde la empresa está establecida.
 
Efectivamente, una empresa no puede hoy alegremente abandonar a sus clientes, cancelar impunemente a sus proveedores o cometer actos que perjudiquen a la sociedad. Pero, de todos los grupos hacia los cuales existe una obligación por parte de la empresa y sus directivos, destaca el de los empleados.
 
El bienestar de cada uno de los empleados y su seguridad en el trabajo depende directamente de la buena marcha de la empresa. Incluso el grado de dependencia puede llegar a ser extremo como en el caso donde la empresa es el único empleador de un pueblo y por lo tanto no existen empleos alternativos. Si el futuro de un empleado se encuentra íntimamente ligado al de la empresa, es lógico que aquel se preocupe por el estado del negocio y su proyección en el futuro.
 
Los trabajadores, a similitud de los ciudadanos, tienen derecho a exigir una buena dirección de su empresa. No es justo que su puesto de trabajo y su futuro estén totalmente a merced de la capacidad y decisiones de otros, sin ni siquiera tener la posibilidad, como un marinero avezado, de saber distinguir entre un competente capitán y uno con el cual nadie querría embarcarse.
 
Salir a la desesperada a la calle para "defender el puesto de trabajo", cuando la empresa está al borde de la quiebra no tiene futuro. Una empresa rara vez se precipita a una quiebra de forma súbita, los síntomas de su decadencia se manifiestan con mucha anterioridad, pero a menudo a los empleados no se les informa adecuadamente. Además es probable que no sepan identificar los indicios que definen la salud de la empresa al no estar adecuadamente formados. Un empleado tiene demasiado en juego para mantenerse marginado e ignorante de aquello que sucede en la empresa. Incluso si personalmente no aspira a ningún cargo directivo, tiene derecho a tener los suficientes conocimientos para poder apreciar y evaluar la calidad de la dirección y el estado de su empresa.
 
La única forma sana de asegurar los puestos de trabajo es garantizando el nivel de competitividad a largo plazo de la empresa. Y esto sólo puede lograrse con una dirección profesional que auténticamente practique los principios del management.
 
También tiene derecho a exigir que su trabajo, sea cual fuere, sea una tarea de la cual pueda derivar satisfacciones personales en lugar de limitarse a ser una mera y tediosa obligación que debe llevar a cabo bajo la constante presión de su jefe. Y esto también depende de la calidad del management de la empresa, cuyos directivos deben saber dirigir creando un ambiente de trabajo que motive a sus subordinados.
 
Estamos hablando de los auténticos derechos de los trabajadores y no cabe duda que el primer derecho es el de poder trabajar, para ello es necesario que exista un mercado laboral de demanda, cosa muy difícil en un país donde la creación de empleo se encuentra seriamente obstaculizada por leyes y medidas impuestas por el propio gobierno.  
 
Más arriba dijimos que las mejoras en las condiciones de trabajo han sido siempre dadas por los empresarios, no por gobiernos ni sindicatos, sin embargo estos en su afán de manipular y controlar sí han sabido imponer medidas que resultan en detrimento de los trabajadores. En este menester, a menudo violan la Primera Ley del Management que dice:
“Cualquier medida destinada a favorecer a los trabajadores a costa de la organización o a ésta a costa de los trabajadores, resultará indefectiblemente en detrimento de ambos”
 
El más destacado ejemplo lo aporta la Ley Laboral Socialista que impide o dificulta el despido. Esta Ley no sólo impone a la empresa una rigidez inaceptable en mercados que exigen una gran flexibilidad, costes y perdida de tiempo, sino que perjudica mucho a los trabajadores puesto que en todos los países donde se ha aplicado, sólo ha logrado limitar seriamente la creación de puestos de trabajo y reducir los salarios.
 
 
Asimismo crea una situación de animosidad entre patronos y trabajadores, poniendo a los primeros en una posición de permanente defensiva. Desde luego que los patrones, bajo la amenaza de la ley laboral, se guardarán muy bien de poner en práctica cualquier medida que implique mejorar las condiciones de contratación.
 
 
Como resultado adicional, provoca, como sucede en España, una significativa reducción del rendimiento de los trabajadores, puesto que esta demagógica ley protege a los vagos y estos a su vez influyen en los demás para que bajen su ritmo de trabajo. Esto hace que la industria de este país deje de ser competitiva y como consecuencia, la sociedad termina siendo afectada.
 
En el actual mundo globalizado dejar de ser competitivo sólo augura la desaparición de la empresa. La cantidad de empresas que han debido cerrar y más aún aquellas empresas que nunca se constituyeron debido a la existencia de una Ley Laboral destructiva constituyen una larga y triste lista.
 
En España la pública discusión sobre la llamada “reforma laboral” sólo demostró la enorme presión mediática puesta en práctica por el gobierno y sus sindicatos, cuando nadie se atrevía a mencionar la reducción de la indemnización. En cierta manera irónica hay que reconocer que no cabe hablar de “reducción”, pero por supuesto tampoco nadie tuvo el coraje de mencionar la única y obvia salida: la libre contratación.
 
Es justo reconocer que hace pocos días la Sra. Presidenta de la Comunidad de Madrid dio un ejemplo de integridad política al afirmar públicamente que la libre contratación representa la única salida a la dramática situación de España.
 
Habiendo alcanzado y superado el 20% de desempleo (con más de 4 millones de parados), el empeñarse en mantener una Ley que sólo sirve a intereses sectarios, es absolutamente criminal.
 
En lugar de indemnizaciones y tribunales laborales de una parcialidad enfermiza, en EEUU desde hace algunos años está siendo puesto en práctica por muchos empresarios un concepto llamado "La Propiedad del Trabajo" que amplia el alcance de los derechos del trabajador.
 
 
Este concepto establece un paralelismo entre accionistas y trabajadores: los accionistas han invertido su dinero en la empresa y reciben sus dividendos, pero además son compensados con el valor añadido de sus acciones. Por su lado, los trabajadores han invertido su tiempo en la empresa y reciben un salario por ello, pero se considera que deberían ser recompensados adicionalmente en función de los resultados, de forma similar a los accionistas.
 
Hasta la fecha, la forma práctica que ha tomado este concepto en diversas empresas es la creación de un fondo para cada empleado, surgido de un porcentaje de las ganancias, que se acumula a lo largo de los años de manera que cuando el empleado se retira de una empresa exitosa, dispone de un capital substancial. El fondo correspondiente a la "Propiedad del Trabajo" no tiene nada que ver con una compensación por despido, pertenece al trabajador como un derecho añadido a su remuneración. El empleado que no rinde simplemente no tiene lugar en la organización y es simplemente despedido sin juicios ni indemnizaciones. Claro que nos encontramos en un mercado laboral donde el desempleo rara vez alcanza el 7% y cuando lo hace se considera como un grave problema nacional.   
 
Al igual que las otras mejoras aportadas por los empresarios a las condiciones de contratación, el derecho a “La Propiedad del Trabajo” no está motivado por un sentido “humanista”, “altruista”, “solidario” o cualquiera de los “principios” hipócritamente promovidos por los políticos sino por el simple y lógico deseo de incrementar el rendimiento de la empresa. Posiblemente esta iniciativa empresarial podría catalogársela como una demostración de Conciencia Social ya que en última instancia beneficia a la sociedad en su conjunto.
 

 









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