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02/09/2019 - (EFE/Juan Vargas) Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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De Felipe II a Sabatini: Lo que esconde el subsuelo de la Plaza de España

El hallazgo en la calle Bailén de vestigios atribuidos a las caballerizas reales de Felipe II, causa de la paralización parcial de las obras de la Plaza de España, podría ser apenas la punta del iceberg del acervo arqueológico de este enclave, testigo de varias de las mayores transformaciones urbanísticas experimentadas por Madrid.

Aledaña al asentamiento musulmán que dio origen a la capital, la Plaza de España fue durante mucho tiempo una zona de huertos, que evolucionó hacia su actual configuración al ritmo de las fastuosas construcciones diseñadas por Francesco Sabatini en torno al Palacio Real, adoptando su forma definitiva a principios del siglo XX. Se trata, pues, de un lugar susceptible de esconder numerosos tesoros arqueológicos, como recordaba esta semana la directora de excavaciones de las obras, Esther Andreu, también responsable del proyecto de control arqueológico encargado por el Ayuntamiento como paso previo al inicio de los trabajos y que detalla los restos que podrían hallarse.

Encontrar restos de unas antiguas caballerizas reales cerca de la Plaza de España era algo más o menos esperable, dado que Carlos III encargó a Sabatini un mastodóntico complejo al norte del Palacio Real destinado a cobijar a los caballos de la corte.
Estas caballerizas, llamadas de la Regalada y finalizadas a finales del siglo XVIII, fueron demolidas en los años 30 del siglo XX, cuando se acometió su transformación en los jardines que hoy llevan el nombre el arquitecto e ingeniero italiano.

Lo sorprendente ha sido encontrar vestigios de una construcción, a priori, bastante más antigua, correspondiente al reinado de Felipe II y que estaría fechada a finales del siglo XVI. Son conocidas las caballerizas que, nada más trasladar la corte a Madrid, Felipe II mandó levantar al sur del viejo Alcázar de origen musulmán (sobre el que se erige el Palacio Real), que convirtió en sede del poder real en su nueva capital.

Sin embargo, estas dependencias pronto se quedaron pequeñas, por lo que se hicieron sucesivos anexos, el más tardío y pequeño de los cuales se habría situado, según explicó este miércoles Andreu a los medios, a la altura de la calle de Bailén, donde ahora se han hallado sus restos. El tipo de argamasa y ladrillo de los cimientos delatan, apuntó la arqueóloga, la antigüedad de la edificación.
 

LA HUELLA DE SABATINI

Este podría ser sólo el primero de múltiples descubrimientos arqueológicos en torno a la Plaza de España, en cuyo subsuelo está muy presente la huella del genial Sabatini, quien, tras el oportuno incendio que redujo a cenizas el viejo Alcázar en 1734, acometió un ambicioso programa constructivo enfocado a dotar de modernidad y prestigio a la corte borbónica.

Y no se limitó a diseñar edificios; también ingenió un complejo sistema de muros, cimentaciones y arcadas para poder rellenar la cuesta de San Vicente y la calle Bailén (entonces Calle Nueva), mejorando así los accesos al palacio. El informe arqueológico de Andreu, al que ha tenido acceso EFE, subraya que podrían aflorar partes de este entramado, como ocurrió durante las obras de los años 90 para hacer el túnel de Bailén y el parking subterráneo de la Plaza de Oriente, cuyas excavaciones también dirigió la arqueóloga.

Por si fuera poco, la primera gran reforma de la Plaza de España también lleva la firma del italiano, que proyectó la transformación del viejo huerto regado por el arroyo de Leganitos en el cuartel de San Gil y la adyacente plazuela de San Marcial. El cuartel es conocido, sobre todo, por haber sido el epicentro de la sublevación liderada por Juan Prim que, en 1866, intentó derrocar sin éxito a Isabel II. En la primera década del siglo XX fue demolido para convertirlo en la Plaza de España, pero podría haber vestigios de su estructura enterrados.
 

PASADO REMOTO Y FUTURO INMINENTE

El informe arqueológico apunta que también es posible, aunque no "probable", encontrar restos del convento de la Encarnación, dado que los límites de su huerto eran muy cercanos al palacio. Respecto a la posibilidad de hallar vestigios anteriores al siglo XVI, Andreu la tacha asimismo de improbable, dado que el área de las obras queda fuera de los recintos del Madrid medieval. Aún así, no puede descartarse el descubrimiento de estructuras exentas a esos recintos, como fue el caso de la atalaya islámica del siglo XI que se desenterró al excavar el parking de la Plaza de Oriente, y que hoy puede verse en dicho aparcamiento.

Por lo pronto, el hallazgo de las caballerizas de Felipe II ha paralizado indefinidamente las obras en Bailén, un parón que, de tratarse de los restos de un sótano en vez de una edificación a pie de calle, podría alargarse "bastantes meses", avisó Andreu. Los restos aparecidos no han interrumpido las obras en la calle Ferraz y en la propia Plaza de España, que continúan con normalidad. 









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