La Asamblea de Madrid cumplen 30 años

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Ingeniero industrial y alcalde de Colmenar Viejo entre 1995 y 2011, el más veterano de los diputados de la Asamblea rememora con orgullo los primeros treinta años de una cámara que echó a andar el 8 de junio de 1983 con 101 diputados sin sueldo -hoy son 129- y bajo techo ajeno, el del Paraninfo de la Universidad Complutense.

Allí, en el viejo Caserón de San Bernardo, recuerda José María de Federico, se vivió en opinión del actual presidente de la Comisión de Medio Ambiente la etapa más bonita e interesante, el arranque de una comunidad de "espíritu abierto" que llegó a autonomía porque "no la quería nadie".

Los primeros diputados de la Asamblea eran en su mayoría trabajadores ajenos a la política profesional, salvo "unos cuantos" con dedicación exclusiva, y centraban su actividad por las tardes, cuando se celebraban todas las comisiones y plenos.

En la sede de la Complutense, donde vivían "de prestado", las taquígrafas estaban apostadas "en sitios donde estaba apuntalado el edificio".

Durante los primeros años, los grupos parlamentarios tenían un "despachito" de 25 metros cuadrados para todos los diputados y los secretarios de grupo, y otro habitáculo "de tres por cuatro" para el portavoz.

José María de Federico no quiere hablar de un contexto precario, pero sí "muy justo", en el que el único con coche oficial era el presidente y había uno o dos más de los que podían echar mano los miembros de la mesa.

El veterano diputado cree que, en estas tres décadas, las leyes "clave" han sido las que han establecido la infraestructura de las "transferencias" de competencias. En este sentido, considera un "error" que, como ocurrió en el resto de las comunidades, el Estado no transfiriese además de las competencias a sus funcionarios, lo que conllevó la creación de nuevas plantillas.

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