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12/10/2018 - Julio de la Fuente Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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El síndrome del bebé olvidado
Hace unos días un suceso conmocionó a la sociedad madrileña. En este ocasión no se trataba de un caso de violencia de género, de un despiadado asesinato o otra agresión sexual. Nada tenía que ver con un hecho malvado o violento. Había sido un fatal descuido, un accidente, un desgraciado olvido que marcará la vida de sus protagonistas.

Una niña de 21 meses falleció tras pasar horas en el coche de su padre, que se la olvidó allí dentro pensando que la había dejado en la guardería. La pequeña murió de un golpe de calor, deshidratada, en un coche con los cristales tintados aparcado en una de esas grandes nuevas avenidas del PAU de Sanchinarro por las que apenas transitan peatones. La posibilidad de que alguna persona la hubiera visto allí dentro, desamparada, eran mínimas.

Pero no es un caso excepcional. El pasado mes de agosto una bebé de diez meses moría en Manacor (Mallorca) tras pasar varias horas encerrada en el interior de otro vehículo, olvidada por su abuelo tras aparcar. En otros países este fenómeno también ocurre, y cada vez con más frecuencia. De hecho, ya hay estudios al respecto y una denominación, el ‘síndrome del bebé olvidado’. “Si eres capaz de olvidar tu móvil, eres potencialmente capaz de olvidarte de tu hijo”, asevera David Diamond, profesor de Fisiología Molecular de Universidad del Sur de Florida, quien ha teorizado años sobre el tema.

Y es que, según los estudiosos, el cerebro, en situaciones rutinarias, como el hecho de llevar cada día a la misma hora a los niños a la escuela, activa nuestro ‘piloto automático’ mientras el ‘consciente’ piensa en otras cuestiones, como el trabajo o tareas pendientes. A veces no nos acordamos de cómo hemos llegado a un punto en un trayecto que realizamos frecuentemente a no ser que haya sucedido algo distinto. El estrés, la falta de sueño o hechos que nos impresionan son factores que desactivan nuestra memoria consciente enfocando nuestros pensamientos en resolver esas situaciones ansiosas.

Diamond ya ha descubierto que el estrés, sea repentino o crónico, puede debilitar los centros de mayor funcionamiento del cerebro. Lo que ocurre es que los circuitos de memoria en el vulnerable hipocampo son literalmente sobrescritos, como un programa de ordenador. “A menos que el circuito de memoria se reinicie --por ejemplo, si el niño llora o alguien menciona su nombre-- en ocasiones puede desaparecer por completo de la mente”, asegura el científico.

En el reciente caso madrileño, el hombre recibió una llamada durante el trayecto en coche que le desoriento. Seguramente su interlocutor le alertó de algo importante en el trabajo, por lo que su cerebro se centró en ello y creyendo haber dejado a la niña en la guardería aparcó y marchó corriendo al curro. Para evitar esas terribles situaciones se han ideado dispositivos electrónicos en los carritos de bebés. También ayudaría que las escuelas informaran a los padres de las ausencias de los niños si no han avisado antes. Así evitaríamos unas muertes que nadie queremos ni imaginar.









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