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11/03/2019 - Julio de la Fuente Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Un caníbal en Ventas

Los policías nacionales que llegaron hace unas semanas a un piso cercano a la plaza de toros de Las Ventas no salían de su asombro. Fueron investigar la desaparición de una mujer y se la encontraron muerta y descuartizada en la casa, con restos repartidos en varios táperes que se estaba comiendo su hijo, el asesino confeso, y su perro.

El canibalismo o antropofabia es un hecho rarísimo hoy en día, pero desde el principio de la Humanidad se han registrados casos de personas que se han comido a otras por rituales religiosos o por pura hambre. Pero también se han dado otros relacionados con impulsos sexuales o excéntricos. Son casos insólitos, como el de Armin Meiwes, conocido como el caníbal de Rotemburgo, que puso un anuncio en Internet para encontrar alguien a quien comerse y a los pocos días un tal Bernd Brandes se ofreció. Tras cortar y cocinar su pene, ambos se lo comieron y luego Armin lo asesinó y descuartizó para ir poco a poco devorándolo.

Otro tipo de canibalismo es el de agresión, en el que alguien mata a otro en medio de un brote violento y se lo come como acto supremo de poder, por algún tipo de patología mental o por puro sadismo, como Hannibal Lecter, el famoso personaje cinematográfico basado en episodios reales del Reino Unido del siglo XIX.

Volviendo al caso madrileño, el caníbal de Ventas ya tenía problemas con su madre desde hacía tiempo. De hecho, ella le había denunciado por agresiones y tenía orden de alejamiento. El joven además había estado internado por problemas psiquátricos, pero sin acabar el tratamiento pedía el alta voluntaria y volvía con su progenitora. Poco se ha desvelado de la enfermedad mental que padece, solo que una vez fue ingresado con manía persecutoria y otras veces por dependencias a las drogas y el alcohol. Una mezcla explosiva. También que los agentes advirtieron durante la detención un comportamiento muy ajeno a la realidad.

El Grupo VI de Homicidios de la Policía Nacional está investigando el caso pero a todos nos asalta la pregunta: ¿qué le llevó a este joven de 26 años de un barrio tipo de Madrid a matar y luego comerse el cadáver de su madre? Varios expertos ya han hablado de que el parricida podía sufrir una esquizofrenia, bipolaridad y/o trastorno psicótico. Las drogas que tomaba podían haber hecho desvanecer los frenos morales al acto criminal o empeorar sus brotes violentos, en uno de los cuales supuestamente acabó con la vida de su madre.

En sus delirios persecutorios probablemente creía que su madre le vigilaba todo el tiempo o le ridiculizaba. Ya fuera totalmente ajeno la realidad o no, posiblemente troceó y se comió parte de su cuerpo para conseguir así acabar con ella definitivamente, como signo de asimilación y de que el poder y control de su vida lo detentaba por fin él. Algo totalmente patológico, pero de momento solo una hipótesis. La mente criminal es muy compleja.

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