En recuerdo a las víctimas del Holocausto

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Con la presencia del embajador de Israel, Raphael Schultz; el presidente de la Comunidad Judía de Madrid, Samuel Bengio; el Gran Rabino de España, Moisés Bendahan, y el presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Isaac Querub, el alcalde de la Ciudad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, ha recordado a las víctimas del Holocausto esta mañana en el Parque de Juan Carlos I. Lo ha hecho en nombre de todos los madrileños. "La ceremonia de Yom Hashoá -explicó- no atañe únicamente a la Comunidad Judía de Madrid. Con ser su dolor particularmente íntimo, es la ciudad entera, con todas sus nacionalidades, razas, religiones y creencias, la que está convocada a acompañar a nuestros conciudadanos judíos en una reflexión compartida acerca del respeto a la vida humana, el valor de la tolerancia y el amor a la pluralidad, entendidos como bienes preciosos pero a veces muy frágiles".

Por esos motivos, Ruiz-Gallardón subrayó que Madrid, como ciudad, ha de mantenerse "siempre vigilante ante las amenazas que en cualquier circunstancia y momento histórico puedan surgir".

Desde hace tres años, Madrid mantiene vivo el recuerdo de las víctimas en el monumento, encargado a Samuel Nahon por decisión unánime de la ciudad. "Pocas metáforas pueden ser más sucintas pero expresivas del suplicio del pueblo judío que este monumento", señaló

Lección permanente
La Shoá tiene, para Ruiz-Gallardón, una paradoja de fondo, las "aterradoras consecuencias que produce el cruce entre el desarrollo organizativo y tecnológico de sociedades solo en apariencia modernas y el prejuicio atávico que en ocasiones duerme en ellas".  "Esa confrontación -añadió- entre razón instrumental y razón sustancial, donde la primera avasalla a la segunda hasta acabar con ella, es la que puso en marcha un aparato de producción industrial de la muerte, eficacísimo en su criminal propósito, hasta el punto de llegar muy cerca de alcanzar su fin último: la aniquilación definitiva de los judíos de Europa".

El alcalde alertó de la falta de sincronía que a veces se produce entre progreso tecnológico y social. Recordó el imparable avance tecnológico que se ha producido desde 1945, pero dudó de que "la lucha contra la intransigencia y el fanatismo de toda índole, ya sea religioso, racial o ideológico, haya conquistado avances igual de arrolladores. El progreso de las relaciones sociales, del espíritu humano, es siempre lento, precario y dificultoso".

Y recordando el concierto que dio el pianista Walter Gieseking en Munich, donde mientras tocaba la integral de Debussy para piano, se oían los gritos de quienes esperaban en un tren sellado la marcha a Dachau, pidió que "si alguna vez un tren de injusticia y sufrimiento pasa a nuestro lado, el grito desesperado de aquel que clama por su dignidad y supervivencia no suscite nunca nuestra indiferencia".

 

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