Un tiroteo en la parroquia Santa María del Pinar deja consternado al vecindario

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Madrid, y en concreto el distrito de Chamartín están aún consternados por el hecho que se produjo el pasado 29 de septiembre. Iván Berral Cid, de 34 años, entró en la parroquia de Santa María del Pinar, en la calle Jazmín, con pistola en mano y acabó con la vida de Rocío Piñeiro, una mujer de 36 años que se encontraba en avanzado estado de gestación. 

Además hirió a una mujer de 52 años, que afortunadamente ha sido ya dada de alta. 

Los hechos se produjeron al poco de comenzar la misa, sobre las 20.00 horas. Iván entró en la iglesia con una pistola de fogueo trucada en la mano, y comenzó el infierno. Sin mediar palabra apuntó y disparó en la sien a la mujer embarazada. Siguió su camino, disparando alguna vez más. Una bala alcanzó el tórax de otra mujer de 52 años.
Al llegar al altar, se arrodilló y se suicidó, introduciéndose y disparando la pistola en su boca. 

Una imagen dantesca para las personas que habían acudido a la homilía, y que no eran capaces de reaccionar. 
 

Una cesárea para salvar al niño

Un equipo del SAMUR se trasladó rápidamente al lugar. Unos profesionales que consiguieron salvar la vida del bebé, hijo de la víctima, al realizarle una cesárea de urgencia. El bebé, que se encontraba en parada cardiorrespiratoria, fue reanimado y trasladado al hospital de La Paz, a la UVI especial de neonatos donde, al cierre de esta edición, seguía ingresado. 

La labor de este equipo del SAMUR, capitaneado por la doctora Ceferina Cuesta, ha sido destacada por numerosas personalidades. Incluso el Ejecutivo ha propuesto conceder a la doctora la Medalla al Mérito Social. 
 

“El demonio me persigue”

La investigación policial se basa ahora en conocer si había alguna relación entre víctimas y asesino. Ivan Berral vivía en la calle Dulce Chacón. Según han explicado sus vecinos, era una “persona extraña”. Vivía con su novia, con la que tiene un hijo de dos años. Pero hace unos meses su pareja le denunció por malos tratos, circunstancia que de-sencadenó su decadencia. 

En el momento de su suicidio llevaba una nota entre sus ropas en la que decía “el demonio me persigue, lo tengo detrás. No tengo trabajo”.

 

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