¿Esto quién lo paga?

Es la pregunta que se hacen millones españoles ante la cumbre anual del clima en Madrid.

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Muchos españoles  al ver las imágenes de la cumbre del clima en Madrid y ante el imponente despliegue que supone una conferencia de estas características, donde el protagonismo se centra en las sesiones plenarias y en las reuniones de las delegaciones oficiales para avanzar en la negociación climática.

Pero una cita así lleva siempre aparejado un gran despliegue de países, instituciones, organizaciones ecologistas y empresas que instalan sus propios pabellones en lugares anexos a los salones plenarios y salas de reuniones.

El presupuesto de la cumbre del clima estimado por el Gobierno español asciende a 50 millones de euros, y para disponer del crédito necesario para hacer frente a los gastos, el Ejecutivo aprobó, en cuanto la ONU aceptó su oferta de acoger la cita tras la renuncia de Chile, varios reales decretos que se tramitaron con toda la agilidad que permite el sistema parlamentario español.

Prevista inicialmente en Chile, la cita prácticamente se ha replicado, tanto en su estética como en su agenda, en Madrid. Cada país, cada empresa, cada organización o cada institución (ministerios, fundaciones o la UE) asume el coste que acarrea su pabellón (fuera de la zona de plenarios y de reuniones oficiales), aunque cada uno de ellos puede de forma individual conseguir sus patrocinadores.

Una vez que la ONU aceptó el ofrecimiento del Gobierno español, éste recibió el respaldo de numerosas empresas dispuestas a apoyar económicamente la organización de la conferencia de las partes, y se establecieron diferentes categorías de patrocinio. Así, todas las empresas que han contribuido económicamente en la preparación de la cumbre tienen visibilidad en la cartelería de la “zona verde”.

Pero además, la categoría más alta de patrocinio, la catalogada como “diamante”, habilita a las empresas a disponer de un espacio propio en la “zona verde”, y dos compañías figuran como socios preferentes: una como “socio tecnológico” (Telefónica) y otra como “socio de movilidad” (Grupo Volkswagen).
Todos los vehículos que han empleado los jefes de Estado y de Gobierno que durante los últimos días han acudido a Madrid son cedidos y de “cero emisiones”.

Esa flota, integrada por unos cincuenta vehículos, ha sido puesta a disposición del Ejecutivo sin ningún coste y en régimen de patrocinio, y todos los vehículos serán devueltos a las empresas que los han cedido.

Los más de 100.000 metros cuadrados que ocupa la cumbre del clima se dividen en dos partes principales: la “zona azul” (más institucional y gestionada por la ONU) y la “zona verde” (abierta a la participación social).

Los gastos de la “zona azul”, el área de negociación climática, y los de la “zona verde son acarreados por España (como país anfitrión), en un área en la que priman los materiales sostenibles y completamente reciclables.

En esa “zona verde” están varios ministerios y fundaciones españoles, entre ellos la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica o el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades que ha desplegado el espacio “Innovación y Ciencia” para poner en valor la importancia de la investigación en el conocimiento del cambio climático y sus impactos.

El presupuesto estimado por el Gobierno de 50 millones de euros está muy alejado de la cumbre más cara hasta ahora, la de París de 2015, que ascendió a unos 178 millones de euros y que alumbró el Acuerdo que va a marcar la agenda y la negociación climática durante muchos años. Frente a esos 50 millones de euros a los que asciende el presupuesto de la cumbre, los retornos calculados se elevan a unos 200 millones de euros.

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