La diabetes es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular

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La diabetes es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. De hecho es, junto a la hipertensión, el colesterol elevado y el tabaquismo, una de las principales causas de arteriosclerosis, una patología sistémica, archienemiga de los cirujanos vasculares, que produce cambios en las paredes de las arterias y ocasiona una obstrucción parcial o total de las mismas con la consiguiente disminución de la irrigación de sangre oxigenada a tejidos y órganos. “Si el territorio afectado es el coronario, por ejemplo, se corre el riesgo de desarrollar un infarto de miocardio; si fuese el tejido cerebral, un “ictus” o accidente cerebrovascular; si fuese de el de las extremidades, necrosis distal (conocida popularmente como gangrena); y así sucesivamente”, comenta el doctor Andrés Salazar Álvarez, del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Quirónsalud San José, con motivo del Día Mundial de la Diabetes.

Esto explica, según este especialista, la importancia de mantener un control estricto de los valores de azúcar en sangre o glucemia (y de los demás factores antes mencionados) para la población en general. “Si se logra antes de que se produzca un daño, mejor; es lo que los médicos llamamos prevención primaria (para los que no son diabéticos) o secundaria (para los que sí lo son). Si por el contrario, por culpa de estos factores, ya se ha ocasionado alguna lesión como consecuencia de la arteriosclerosis, lo más importante es diagnosticarla lo antes posible con el objetivo de limitar el daño, corregirlo y disminuir las posibles limitaciones residuales, como ocurre con el diagnóstico precoz de las lesiones en la arteria carótida, que irriga el cerebro, o de las arterias tibiales, en el caso de las piernas”, abunda el doctor Salazar Álvarez, que pertenece al Servicio de Angiología y Cirugía Vascular que dirige el doctor Luis Riera del Moral.

La diabetes como desencadenante del mal perforante plantar o “pie diabético”

El “pié diabético”, cuyo nombre real y más apropiado es mal perforante plantar, es un término que se acuñó para describir los cambios que ocurren en los pies de las personas con diabetes y el riesgo que tienen de desarrollar lesiones en los mismos. Al igual que sobre las arterias, las glucemias elevadas por largos periodos de tiempo tienen un efecto deletéreo sobre los nervios del pie. Empiezan por afectar a los nervios sensitivos haciendo a estos tejidos insensibles a las vibraciones y el dolor. Este detalle, que puede parecer poco importante, es la principal causa de las lesiones.

“Una persona con un pie sano es capaz de detectar inmediatamente una piedra o una rozadura en el zapato, por lo que corrige esta circunstancia y evita daños; mientras que un pie insensible puede caminar kilómetros y kilómetros en estas condiciones, empeorando cada vez más las lesiones antes de percatarse si quiera de que se tienen”, llama la atención este cirujano vascular.

Por otro lado, también se ven afectados los nervios que dan el tono correcto a los músculos del pie para que tengan una forma apropiada. Como consecuencia, el pie tiende con el tiempo a deformarse (aplanarse) y a desarrollar puntos de apoyo anormales, que a su vez favorecen la aparición de hiperqueratosis (callosidades) y lesiones.

Enfermedad sistémica que exige un manejo multidisciplinario

“Por eso que fundamental que las personas con diabetes y/o su entorno familiar hagan una vigilancia diaria y minuciosa de los pies. Revisar entre los dedos, en la planta y en los talones en busca de mínimas lesiones que sean subsidiarias de atención médica antes de que se compliquen y produzcan daños mayores subsidiarios de tratamientos más complejos”, advierte el doctor Salazar Álvarez, quien concluye que al tratarse de una enfermedad sistémica, es fundamental el manejo multidisciplinario de la diabetes, en comunicación directa y atención combinada con endocrinólogos, podólogos, internistas, médicos de atención primaria y demás especialidades involucradas; así como con el propio paciente y su entorno familiar. “Se puede vivir bien teniendo diabetes”, sentencia.

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