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03/11/2018 - Redacción Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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“Aunque baile una soleá muy de Triana, siempre sueño que toco las estrellas con las manos”
El Distrito entrevista al célebre bailaor y actor español, Antonio Canales, con motivo de su actuación en Madrid

Comenzamos hablando sobre el Festival de Flamenco en Café Berlín. Éste arranca para motivar el cante y el taconeado a un nuevo público. Bajo este objetivo ¿Qué repertorio vas a llevar para encandilar a este nuevo público?

Es la representación de ‘Triana y las tres mil viviendas’, a la cual me han invitado a participar en una actuación de una zona donde yo he nacido y donde vive mucha de mi familia. Es muy importante acercarnos a las nuevas generaciones con esas ‘tres mil viviendas’ de una forma más canalla, más de los ‘Pata negra’, más subversiva, y también de una forma más tradicional como es Triana per se, que seguramente podrá estar toda la noche sonando. 

Mejor marco que el Berlín no hay, con un gran prestigio, con muchos grupos, y en el cual he tenido el gusto de estar y participar. Por ello, es un orgullo para mí estar en este encuentro de fechas en noviembre y aportar nuestro granito de arena con esa mezcla de canalla y tradicional para ese público, que normalmente acostumbra a llenar la sala Berlín.
 

 

Sobre la representación de las ‘Tres mil viviendas’, es un tema delicado ¿Cómo se traslada todo ese drama y pasión encima en un escenario? 

Dicen que la necesidad tiene cara de hereje. Esa necesidad de esas familias y personas que fueron habilitadas en ese barrio, y llevan conviviendo más de 30 años con muchas miserias y fatigas, despierta la imaginación. Allí, desde pequeños, los ‘Pata negra’, con una guitarra española rota, empezaban a crear grandes canciones que coparon todos los años 80’, y que aún siguen vivas. A nivel social es un tema siempre a tener en cuenta, pero a nivel artístico ha roto y sigue rompiendo barreras, saliendo grandes artistas, porque no todas las tres mil viviendas están en el mismo estado de deterioro. 

 

Trabajas al alimón con Herminia Borja, Guillermo Manzano, también ‘El Piripi’ ¿Cómo se confecciona la puesta en escena con estos artistas?

Desde la propia naturalidad del flamenco. No intentamos manosear o intoxicar al género,. Abogamos por la naturalidad y la pureza que el mismo flamenco tiene dentro. Por su puesto que nos conocemos todos, todos hemos trabajado conjuntamente en diferentes espectáculos; yo he contado con unos y otros. Yo he ido un poco con la batuta para ver qué quiero de uno, que quiero de todos en conjunto y qué queremos mostrar.

 

Llegados a este punto: naturalidad y pureza. Llama la atención cuando se habla de que el flamenco se tiene que renovar -también por el nuevo público- ¿Cómo se hace con un género un tanto estricto para el flamenco?
Creo que el flamenco no es tan estricto. Sí que hay un flamenco que defienden algunas personas que lo es, pero el flamenco siempre ha tenido sus brazos abiertos a todas las fusiones y mezclas: con el rock, con el pop... Como por ejemplo Triana, Ketama, Pata Negra y otros tantos en el jazz que se han acercado y han aportado cosas importantes al flamenco. 

Cuando el flamenco se hace bien y es bueno, no importa cómo llamarlo. El flamenco per se es muy grande y abarca muchas cosas. Cuando el flamenco es malo, en vez de fusión se convierte en confusión y no va a durar. Creo que hay que convencer a la gente no con el engaño, no con cubrirlo con polvo de paja y abalorios, sino con la máxima fidelidad.

En el cante de muchos artistas está lo de antes, lo de ahora y lo del futuro. Sobre sus retales de voz duermen todos los géneros. En lo que a mi parte corresponde, siempre he sido un culo inquieto: aunque baile una soleá muy de Triana, siempre sueño que toco las estrellas con las manos. 

Innovar no depende de cuántas músicas o adornos pongas en el escenario, sino más bien de que sea algo que parta del corazón, de la propia pureza. Las cosas primigenias, las orgánicas, son los verdaderos materiales para construir un edificio con unos cimientos impecables y fuertes. 

 

A parte de atraer a nuevo público, en el Festival de Café Berlín está el objetivo de hacer de Madrid la capital del flamenco en España ¿Se ha perdido en algún momento esa esencia de flamenco en la capital?

No creo que se haya perdido jamás esa esencia, aunque sí que hemos adolecido las ayudas culturales. Desde 2005 hasta hace unos años hemos pasado una crisis, una peste, que nos ha inundado a toda la cultura, no sólo al flamenco. Pero Madrid siempre ha sido la casa de todos, empezando a fusionar con Ketama en los maravillosos años 80’, donde era multicultural, multirracial: el que quería hacer flamenco y triunfar, debía venir a la capital. Madrid era de todos. 

Siempre existe eso y Madrid tiene muchas más posibilidades. Es el escaparate maravilloso para poder luchar y presentar tus cosas. Claro que por ejemplo Barcelona, Sevilla, Granada y otras ciudades han tomado también una importancia y relevancia fuerte. Hoy en día hay grandes tablaos en todos los lugares. Aún se sigue llevando la palma Madrid, con más tablas y salas. 

 

¿Qué están aportando las nuevas generaciones al flamenco?¿Cuál es el valor añadido que aportan al género?

Las nuevas generaciones nos han dado y nos siguen dando muchísimo. Sin ellas, sería un flamenco de vitrina, muerto. El flamenco es algo vivo, inquieto, un virus que contagia a todo el que lo escuche y haga. Sigue dando maravillas en guitarristas, bailaores, directores... Hoy en día tenemos un plantel maravilloso, gente innovadora y también muy pura. 

El flamenco, si pasó una gripe por estos años de crisis, ahora se encuentra en un perfecto estado de salud: siguen sorprendiéndonos gente joven. En el baile tenemos grandes intérpretes. 

Creo que la persona que quiere triunfar en el flamenco tiene que empezar bebiendo de los posos de los primigenios. Sin ello no sirve de nada todo lo que se haga. No llegaría a ningún sitio. El flamenco tiende a empezar a tener consistencia, sea eléctrico, galáctico, de ahora o de siempre, cuando se toma el poso primigenio de donde viene. Todo lo que se ha tomado de otra forma no tiene soporte y tiene los días contados.

 

Usted también ejerce la faceta de profesor ¿Qué les traslada a estos jóvenes?

Lo primero que intento es enamorarles con lo que yo hago en el flamenco para que quieran más. Yo enseño desde que era joven, ahora soy un joven veterano, porque siempre me gustó. No creo que la docencia se deba tomar cuando uno empieza a bajar su faceta de intérprete. La docencia debe ir en uno. 

Me gusta la docencia, me llena de espíritu, aprendiendo de los errores ajenos e intento de dar mi corazón, sapiencia y mi poso que me han ido dejando los años. El flamenco es un cristal muy fino, que si te acercas demasiado lo empañas. Entonces, siempre hay que tenerle un respeto para no acercarse a menos de un centímetro. Eso es lo que intento enseñar a los demás: que ¡se enamoren y lo respeten. 

Me hace sentir muy orgulloso que alumnos míos sean grandes bailaores y bailaoras. Eso me hace sentir todavía más ganas e ilusión, y de estar muy atento. Los logros de un profesor son los logros de su alumno, aunque también las derrotas. 
 









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