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21/11/2018 - Redacción Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Belén López: "Se toma el Flamenco como un tópico, como la paella, y es Patrimonio de la Humanidad"
La joven y laureada bailaora participa el próximo sábado, 24 de noviembre, en el II Festival Flamenco de Club en el 'Café Berlín'

En relación a la actuación que vas a realizar en Café Berlín este sábado, 24 de noviembre ¿En qué va a consistir esta puesta en escena?

La voy a realizar con Gema Moneo. Es una actuación muy cercana, y esa es su ventaja. Café Berlín está empujando mucho a los flamencos y músicos del momento. Es un sitio especial al que siempre voy a escuchar música. Es un sitio muy importante en el panorama musical actual, sobre todo porque apuesta por el músico.

 

Hablas de esa cercanía que se transmite en el pequeño escenario. Has marcado muchas veces distancia entre el tablao más humilde -en proporciones- con el gran teatro. ¿Te sientes más cómoda en este tipo de escenarios?¿Es el lugar el lugar idóneo para palpar el escenario?

El Flamenco es cercano, no nace del teatro. El Flamenco, cuanto más cercas estés, es más caliente y lo sientes mejor. Luego maestros, como Carmen Amaya, lo llevó a los teatros; Antonio 'El Bailarín' llevo también el Flamenco y la danza al teatro... Eso ha servido para llegar al máximo público posible.

El tablao no es más ni menos que el teatro, pero cualquier cosa en la que falles encima del tablao lo nota más el espectador. En el teatro, el público es más receptivo, está sentado, va expresamente a ver una obra; en el tablao no, estás tú con tu momento a exponer. De hecho, hay buenos artistas de teatro que no encajan en un tablao; y al revés.

 

¿Te da más libertad el tablao a la hora de plasmar tu pasión?

La verdad que sí. Es más directa. No hay premeditación, nada que adorne ni despiste. Si bailas, se te ve el plumero y si no bailas también. Si sabes bailar se ve en un tablao, y el que no sabe también.

 

Hablando sobre este festival. Uno de los objetivos es atraer al nuevo público, recurriendo a nuevos escenarios, nueva puesta en escena. En este sentido, a los periodistas que nos encanta poner etiquetas ¿Te clasificas como purista?

No me gusta nada la etiqueta. El Flamenco es inmenso, grandioso, y ofrece muchas vertientes. El Flamenco bien hecho es profundo, no sólo el 'quejío'. Es pura magia.

 

Lo digo porque en otras ocasiones te he escuchado hablar sobre las nuevas 'cosas' que salen con el nombre de Flamenco, pero que tú afirmas que no deberían llamarse así

La comparación es, por ejemplo, con la danza clásica y el contemporáneo. Para hacer contemporáneo tienes que hacer parte del clásico, sin embargo, es otro lenguaje. Si veo 'El Lago de los Cisnes' sé que voy a ver gente en puntas, giros, cogidas, elegancia...; si me ponen 'El Lago de los Cisnes' y veo a la gente tirada por los suelos, a la gente haciendo contemporáneo, ya no es 'El Lago de los Cisnes'.

El Flamenco ya tiene un nombre y un peso suficiente como para que por sí solo llene teatros y público. Los máximos músicos de la historia dicen que una de las músicas más ricas que hay es el Flamenco.

Eso sí, todo lo que sea mejorar y aportar, yo soy fanática de eso. Me encanta investigar, buscarme, encontrar en otros compañeros lo que a mí me gusta y decir 'Ole', pero siempre que haya respeto por el Flamenco, por lo que hacemos. Una de las primeras en versionarlo, no como pegote, pero al defender esa postura, en un momento dado he versionado cosas, fusionando con otras músicas -blues, por ejemplo-.

A nivel musical y rítmico es una de las grandes riquezas que tenemos. He tenido la oportunidad de impartir clases con músicos, que mezclaban su música con la nuestra. Eso era increíble. Pero a eso no se le puede llamar Flamenco, aunque yo utilice mi lenguaje para entenderme con ellos.

En un teatro buscamos un hilo argumental, una historia; estupendo. Todo eso son adornos, pero lo más difícil es subirse sin argumentos: báilame por Soleás y hazme llorar; una persona no es difícil que llore con una historia, lo difícil es hacerle llorar bailando, cantando o tocando. Que escuche una guitarra flamenca y le entren ganas de llorar. Eso es el Flamenco de verdad, y es lo que busco. No significa que lo demás no valga, pero es mi forma de verlo.

 

Hablabas de bailar sin un argumento, pero también lo tiene, porque es un género que nace de la necesidad, del drama

Ya lo tiene. El Argumento por sí solo es único y tiene argumentos de sobra, pero últimamente con la técnica supongo que lo enfriamos. Buscamos el tecnicismo. Estamos en la era de mucho paso, técnica, y nos olvidamos de las fatigas de cómo nació el flamenco de verdad, del dolor, de la alegría en su máxima expresión.

 

Las nuevas generaciones están muy bien preparadas técnicamente. Existe más conocimiento que antes en cuanto al Flamenco, pero esa técnica, como comentas, eclipsa a veces a la pasión. Por otro lado, hay una parte que tienes que trabajar y otra innata. ¿Cuál es el equilibrio?

A día de hoy tenemos un conocimiento del Flamenco y de la técnica que a lo mejor hace unos años no se tenía. Tú te metes muchas horas en un estudio para conocer el idioma -al final el Flamenco es el idioma-, pero luego tienes que utilizar dicho idioma como sientas. Sin embargo,  tú no puedes poner la técnica por encima del sentimiento porque entonces ya no es Flamenco, es una exhibición.

Esa es mi manera de pensar. Yo me he tirado muchas horas para saber girar, estar colocada... pero luego en el escenario eso se olvida y ya no piensas en la técnica, sino en lo que canta el cantaor, en tu vida, en momentos que te hacen llorar, que los canalizas a través del baile... Yo he pasado por momentos fuertes y los he ido canalizando a través del baile.

 

¿Cómo te ayuda?¿Cómo subes al tablao cuando fuera atraviesas por una situación complicada?

He vivido la muerte de mis padres y me he tenido que subir, por desgracia, al escenario. No un día ni dos, sino estar trabajando. Son etapas y el momento de mi madre, al ser tan fuerte, fue un shock, no pudiendo sentir ni padecer. Con el tiempo aprendes a canalizar y llorar en el escenario. Soy una persona que no hablo de mis cosas, pero en el escenario las saco y las vuelco. Es mi terapia. Cuando pierdes esa intensidad de la vida en el escenario, eso ya no es Flamenco.

 

¿Cuáles son esos primeros pasos que inculcas en las nuevas generaciones?

Les digo que saboreen mucho el momento. A pesar de ser la típica frase, tenemos tiempo de todo. Es la edad de correr. No todas las edades son iguales, no somos robots. Todo son experiencias y hay que escuchar a los mayores, asimilándolo a tu manera de bailar. Hay que amar sobre todo el Flamenco, la danza y la música. Parece mentira que en la época en la que estamos, no se valore lo nuestro.

Me parece un poco fuerte. Vas a América y te valoran, vas a Japón e igual... Ves a otros países que están orgullosos de su música; ves a una persona de color cantando blues y se te cae el alma. Vienes aquí y piensas '¡Pero bueno!', se nos toma a pitorreo. Siempre he intentado poner buena cara para tirar pa'lante.

 

En los años 80', se dice que el Flamenco vivió en España su momento álgido.

Fue una época buenísima. Mi suegro fue un guitarrista de los grandes. Él me cuenta un montón de cosas, increíbles, de aquella época, que no es tan atrás. Andando se te notaba que eras artista y se te contrataba, te querían escuchar y pagaban muy bien, las galas 'superbien'. Consideraban al artista. Ahora decir que eres artista... 'vale sí, pero en qué trabajas'. Tengo que subrayar que es mi profesión de verdad.

Cuando se nos mezcla la incultura de nuestro propio país con la supuesta crisis, lo primero que va a pique es la cultura. Te quitan todo. El público español no ha sido educado en que el Flamenco no es un tópico, como ha pasado con una campaña publicitaria en Valencia. Pasa por falta de conocimiento de lo que estamos hablando. Se toma el Flamenco como un tópico, como la paella o la fiesta, y es Patrimonio de la Humanidad.

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