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13/09/2019 - Redacción Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Darío Frías: “Me gusta la comedia en el teatro porque la recompensa es inmediata”

El actor y director lleva a Teatros Luchana el vodevil ‘Fin del engaño’, un enredo que sigue sumando funciones cada semana

¿Cómo te aventuraste a dirigir ‘Fin del engaño’?¿Cómo fue esa toma de contacto con el guión de Luis Sánchez-Polack?

Luis y yo somos muy amigos. Él tenía el texto y no sabía qué hacer; nos surgió la oportunidad de hacerlo en un hotel, en un evento llamado ‘Las noches de la Suit’ y gracias a la oportunidad montamos la obra. Yo dirigí la obra y Luis me pasó el texto. Funcionó muy bien en el hotel y de ahí decidimos continuar, y en ello estamos en Teatros Luchana.

 

El género de ‘Fin del engaño’  se podría clasificar dentro del vodevil, una comedia de enredos y aristas. Una obra breve, en la que los actores no tienen casi tiempo de respirar ¿Así lo exige una comedia de este tipo?

Llevo haciendo comedia desde hace años y así lo entiendo yo. Siempre digo que tenemos que ‘darle una paliza’ al público, en el buen sentido. Tienen que pasar muchas cosas para dar la sorpresa. Salimos con el subidón. La obra va bien y el público se ríe, lo que nos alimenta. Aunque los actores salen cansados, la reacción del público nos hace continuar con la fiesta y tomarnos unas cervezas después. 

 

Se podría decir que la comedia se mide en función de las risas del público. En el papel, un guión puede sonar cómico, pero hasta que no se estrena y tomas contacto con los asistentes todo es incertidumbre ¿Estáis más expuestos los actores con la comedia?

Cuando estás ensayando, sobre el papel, hay chistes que te hacen gracia, pero luego el público no se termina de reír; o al revés, con cosas que no esperabas te hacen escuchar risas. Hemos ido apostando y renovando cada vez más, cambiando un texto por otro en función de la obra. 

 

¿Cuál es la clave de ‘Fin del engaño’ para conseguir esa carcajada en el público?

Los actores sabemos a lo que jugamos y lo que hacemos es pasar el rato y entretener. Creo que lo estamos consiguiendo, ya que hay bastante público y buenas críticas. Ya no puedo pedir más. 

 

En la obra recurrís a ciertos clichés a la hora de presentar a los personajes. El público está en gran medida inmunizado frente a fórmulas de este tipo ¿Cómo conseguís colar esos clichés sin correr el riesgo de que aburran al asistente?

En la mayoría de las comedias hay clichés, pero lo que hay que hacer es darle un toque diferente para sacarlo de lo tradicional. Un pequeño detalle te pueden sorprender, pero no dejan de ser clichés. Trabajar con los actores ha sido increíble y muy bonito: por un lado Lucía, haciendo el personaje de Carlota, una niña pija, tontilla, que no se entera de nada, pero tiene un punto de mala de telenovela que quiere conseguir la fortuna de la abuela; no deja de ser el cliché de siempre pero con un tono nuevo. También hacemos juegos radicales con los personajes, desvelándose ciertas identidades. Me parece muy importante en la comedia el factor sorpresa.

 

El género en el que te hemos visto habitualmente es en la comedia ¿Es con el que te sientes más cómodo?

Es en el que más cómodo me siento porque es el que más he hecho. Cuando me he animado con la dirección ves también los entresijos de la comedia y comienzas a analizar el porqué y el dónde de las risas. La comedia me gusta en el teatro porque la recompensa es inmediata. 

Cada uno, cuando está en el escenario y delante de la cámara, interpreta a un personaje, pero también volcamos algo nuestro en el personaje. Cuando hago comedia, me gusta reírme. No obstante, los personajes sufren mucho y es una contradicción: mientras el público se ríe, el actor está sufriendo. Por otro lado, la comedia es una forma menos agresiva de contar algo. A la hora de criticar es más llevadero. Es una cosa muy española, nos reímos de todo y de todos. Así creo que llevas mejor la vida.

Para mí un buen guión cómico debe tener ritmo, que pasen muchas cosas, además del hecho de que los personajes estén bien construidos. Se trata al final de un caos ordenado. Lo decimos mucho: es un barullo pero estudiado.

 

Además de ‘Fin del engaño’, ¿en qué otros proyectos están inmerso o tienes intención de sacar en fechas próximas?

Hay que seguir produciendo. El teatro es precario, nosotros estamos con ‘Fin del engaño’ un día a la semana, el resto hay que llenarlo. Estamos en un montón de proyectos. Es divertido porque no siempre estás haciendo lo  que te motiva y te anima a ver mundo. He terminado gira con un musical: Contaminatio, una comedia romana cuyo director es Jesús Torres, que hizo una adaptación de varias obras de Plauto y sacó una obra muy divertida sobre el pueblo de Roma. Lo he disfrutado mucho y espero que salgan más cosas de ahí. En noviembre estaremos en ‘Microteatro por dinero’, que dirijo una comedia escrita por Irene Valle que se llama ‘Ciento volando’, que es muy curiosa porque toda la obra está escrita con refranes. 









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