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22/05/2018 - Redacción Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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"Siempre ha habido papeles para personajes femeninos, pero los protagonistas eran hombres"
La actriz Begoña Vargas, de 18 años, ha debutado en su primer papel protagonista en televisión. Es Roberta en “La otra mirada”, de TVE. Interna en la Academia de Señoritas de Sevilla, en los años previos a la Exposición Universal de 1929, Roberta es la impulsiva líder del grupo principal de seis alumnas, estudiantes en este estricto centro exclusivamente para mujeres. En la serie, tanto las jóvenes pupilas, como las profesoras, realizarán un viaje vital en busca de su propia voz y su papel como mujeres. La serie ha contado con una gran acogida por parte de la crítica televisiva, además de convencer a los espectadores, tal y como han expresado en redes sociales, destacando su enfoque feminista.

Comenzamos hablando del personaje de Roberta, papel con el que has debutado como protagonista en una serie televisiva. Conocemos a un personaje femenino, impulsivo, revolucionario. Eso en cuanto al carácter. Pero ¿Qué papel tiene esta joven alumna en una serie en la que se reflexiona sobre la vida de la propia mujer en La Otra Mirada'?.

Es un poco la líder de sus amigas. La que lleva la voz cantante. Una fachada porque luego se ve que tiene problemas y que no es feliz. Le ocurrirán una serie de cosas que le harán cambiar y le harán crecer como persona. Lo que quiere contar en La Otra Mirada es que, lamentablemente, muchas cosas que pasaban antes continúan pasando ahora. Roberta es una chica que no tiene pelos en la lengua y que dice todo lo que piensa, en una época en la que las mujeres eran muy introvertidas y no podían expresar lo que sentían o querían porque así se lo marcaba la sociedad.

Roberta es una chica que se sale un poco de todo esto. Vamos a ir viendo cómo se va transformando desde el primer al último capítulo.

 

La Otra Mirada recuerda un poco a un Club de los Poetas Muertos, enmarcando un poco esa revolución de la enseñanza en la mujer de Sevilla de los años 20'. ¿Se rompe en la serie con esos clichés de la época y que algunos se mantienen hoy en día?

Cuando leí el guión lo primero que me vino a la cabeza fue la película del Club de los Poetas Muertos: la profesora que llega, que nos hace pensar como nadie nos ha hecho pensar -básicamente porque nadie nos había hecho pensar-, nos pone un montón de preguntas en la cabeza y empezamos a crecer y a empezar a pensar por nosotras mismas.

Sobre la brecha temporal. Lo que quiere contar la serie es un poco las similitudes de ahora con la Sevilla de los años 20'. Siguen pasando las mismas cosas. Se ha avanzado pero no tanto. La serie es la crítica de las dos épocas. Siempre decimos 'antiguamente pasaban estas cosas...' pero es que ahora siguen pasando cosas. Ahora se empieza a cambiar, la gente sale a la calle, las mujeres defienden sus derechos.

En este aspecto, es una serie muy necesaria por este momento que vive la mujer. Se trata de visibilizar lo que está pasando. Que TVE lo exponga y diga 'esto es lo que ha pasado y esto es lo que sigue pasando' puede hacer que la gente reflexione y cambie.  

 

¿Cómo abordas el personaje de Roberta? Sin menospreciar la labor profesional del actor, en muchas ocasiones, el tener un papel que se adecúa más a tu personalidad o te sientes más identificada es más fácil de interpretar ¿Es tu caso o has tenido que empollar bien el papel?

Un poco de cada. Roberta y Begoña son muy parecidas, con un carácter fuerte. Me siento muy identificada. Cuando tengo que soltar algo lo hago. Todo lo que le ha pasado con sus compañeras, dejándola de lado, en el aspecto personal, me he sentido muy identificada. Luego a la hora de afrontar la época sí que he tenido que hacer un estudio. Un 'coach' para saber cómo se sentaban, como gesticulaban, cómo debían comportarse... todo en la época iba dirigido a ello en la mujer. Antes las mujeres tenían que estar siempre felices y contestar a sus maridos, no importaba que estuviesen tristes, ya que la sociedad en la que se vivía tenían que estar felices. En ese sentido me pareció más difícil el meterme en todo eso. En lo que se basaba la enseñanza femenina era costura, protocolo... era cómo llegar a ser una señorita más que tener conocimientos o asignaturas de cultura general.

 

¿Cómo ha sido esa experiencia de compartir plantel con grandes figuras de la televisión, el cine y el teatro en la serie?

Está siendo una experiencia maravillosa. Siempre he querido ser actriz. Siempre es de lo que he querido trabajar. Llevaba mucho tiempo esperando este personaje, que me parece maravilloso, y compartirlo con grandes actrices de la serie es lo que más me entusiasma. Las más jóvenes hemos hecho piña y así da gusto trabajar. Con las mayores, es otra maravilla porque son simpáticas, ayudan un montón, nos dan consejos... además de admirarlas te aportan un aprendizaje continuo.

 

Antes de aventurarte a la pequeña pantalla has contado con un amplio bagaje en la escena teatral ¿Qué cambios has notado a la hora de dar dicho salto?

Al final el teatro es lo primero que hice, lo cogí de pequeñita, empezando con la interpretación desde los 7 años. Ahora hago televisión, que me encanta, pero me entra el gusanillo de volver al teatro. Aunque el cambio también ha sido positivo. Aunque la interpretación teatral no es la misma que en televisión no ha sido para nada negativo. Si pudiese hacer las dos cosas a la vez sería estupendo.

 

En tu faceta teatral te hemos visto en Lo que no cabe en las moralejas, donde tuviste también un papel de estudiante, esta vez contemporáneo. Comparándolo con la joven sevillana de los años 20', has encontrado similitudes

Todos los jóvenes son iguales, las hormonas están revolucionadas, el amor viene y va. Cuando eres adolescente, da igual la época en la que estés. En el personaje de la obra de teatro sí que era un personaje contemporáneo, le pasaban cosas como que le gustaba un chico, pero él era sosito y no sabía cómo hacer que le gustase. Eran otros problemas menos importantes.

Roberta tiene al principio de la serie problemas superficiales, pero a medida que avanza la serie serán más gordos. Es más interesante de interpretar porque es más complejo y completo el personaje.

Casi todos los personajes que hacía eran cómicos. Posteriormente tuve un personaje dramático en Los Miserables.Ahora me toca experimentar Roberta, que es un dramón. Yo, que era la persona más feliz del mundo, ahora tengo que estar supertriste. Es extraño pero me parece muy divertido también.

Tenía un poco de miedo cuando me llegó el personaje, por la trama complicada. De primeras, cuando de repente pones los pies en el suelo y ves todo lo que tienes que trabajar suspiras.  Me puse a ello y estoy contenta.

 

Viendo las buenas críticas que has tenido con este debut televisivo ¿Cómo vislumbras el futuro?¿Cómo te afecta personalmente todo ello?

Todas las críticas, por lo menos las que me han llegado, están siendo positivas. Es una maravilla que después de tanto trabajo, éste guste a la gente. Ojalá me vea con muchos más proyectos, y que le gusten a la gente. Lo que sea pero interpretando. Yo estoy muy feliz por las críticas que estoy teniendo y de los feedback, porque significa que todo el trabajo está teniendo sus frutos.

 

Se agradece también las oportunidades que están emergiendo con el 'boom' de las serie. En este sentido ¿Sientes que este panorama os ayuda a alcanzar papeles importantes?

Ahora se habla mucho. El formato de ver series ha cambiado, con todas las nuevas productoras que hay, más trabajo y más proyectos. Es positivo para nosotros. Se agradece que se busquen caras nuevas, sino nosotras no estaríamos aquí.

Siempre ha habido papeles para personajes femeninos, pero los protagonistas eran hombres. Es una maravilla decir que todas las protagonistas de las series son mujeres. Antes estaba la chica o una mujer que le pasaba determinadas cosas, pero siempre contado desde la historia de un hombre. Tiene que haber historias de hombres, pero también de mujeres, que tenemos muchas cosas que contar.









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