Cerca de 600.000 euros para la convivencia intercultural en parques y espacios públicos

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Evitar que la transformación demográfica operada en la ciudad en los últimos años sea un factor de exclusión o rechazo, o se perciba como una amenaza  y no como una oportunidad de intercambio o enriquecimiento vecinal. Bajo ese prisma se desarrolla el Proyecto de Convivencia Intercultural en Parques, Canchas Deportivas y Otros Espacios, para el que el Gobierno municipal ha aprobado una subvención cercana a los 600.000 euros, destinada al convenio con la asociación socio-cultural La Rueca. El espíritu del proyecto es promover el encuentro intercultural como puente entre la mera coexistencia entre grupos y la convivencia real entre los vecinos y vecinas de los barrios.

 

Es la respuesta del Ayuntamiento de Madrid a una nueva realidad social y se apoya en un modelo de intervención comunitaria basado en la implicación de los tres protagonistas principales: la administración municipal, los recursos técnicos y la ciudadanía en general. Se quiere garantizar así el carácter integral y consensuado de todas las intervenciones para que todos los protagonistas participen activamente en la trasformación de su realidad.

 

En este convenio se prevé la actuación en 14 barrios, pertenecientes a ocho distritos madrileños: Villaverde, Usera, Carabanchel, San Blas-Canillejas, Vicálvaro, Latina, Villa de Vallecas y Tetuán. En la selección de los barrios no sólo se ha tenido en cuenta el nivel de interculturalidad y el riesgo de conflicto en esos espacios comunitarios sino también el índice de desempleo, la disponibilidad o carencia de zonas de ocio y otras necesidades sociales.  En total, 23 profesionales, de los cuales 21 son dinamizadores, más un coordinador y un auxiliar administrativo, y un equipo de voluntarios que se distribuirán por los distintos barrios en función de las necesidades de cada uno.

 

Cohesión social

La metodología se asienta sobre cuatro pilares: trabajo con grupos, promoción de barrios socialmente responsables, actuaciones de encuentro intergeneracional y promoción de actividades comunitarias.

El trabajo se inicia con un análisis de la realidad de los barrios y la valoración del estado de convivencia en cada uno de ellos. De ahí se obtiene un diagnóstico social consensuado de las necesidades y oportunidades que permitirán diseñar la intervención comunitaria.Desarrollar y actualizar las guías de recursos comunitarios, planificar el desarrollo de las actuaciones y formalizar la participación de  los grupos en el diseño de la intervención son otros estadios del programa que establece una evaluación continua del estado de la convivencia en los barrios. El fin último es que los procesos comunitarios más maduros puedan emanciparse con el tiempo para ser liderados por sus protagonistas.

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