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06/03/2019 - Víctor Vázquez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Fotografía Sala Clamores

La crisis del Boogie

Entra marzo y el Blues auténtico continúa exhibiendo músculo por estos lares (y no hablo de bandas fotocopia, cantantes con atril o turistas paliduchos que dicen tocarlo simplemente por quemar la pentatónica dándole vueltas a los doce compases como la mula al pozo, a veces, con la técnica perfecta, pero sin decir nada, en definitiva: nada).

Si terminó el año con Michael Dotson convirtiendo el Clamores en un club de Chicago con homenaje rotundo a Magic Slim y empezó el 2019 con Terry Harmonica Bean dando una clase magistral del llamado Hill Country Blues, ese estilo tan puro y libre que tiene su origen en las montañas entre Mississippi y Tennesse; llega marzo con Tail Dragger y se prepara Lil´ Jimmy Reed para mayo con su característico sonido de Lousiana.

Tiene Tail Dragger la historia que siempre imaginamos para un hombre del Blues: siguiendo durante años a Howlin´ Wolf por los clubs hasta que el gran lobo le dejó cantar en los descansos y le nombró su heredero, arruinado por las mujeres, en la cárcel por cargarse al guitarrista de un disparo en defensa propia cuando el otro se puso cariñoso con un cuchillo…

El de Dragger será, además, el segundo episodio de la Blues Mafia Conexión donde desde ambos lados del charco se colabora para poner a los verdaderos bluesmen en el sitio que les corresponde (lo otro es hablarle de IKEA a un carpintero, absurdo).

Cruzará el charco para la ocasión Adrián Flores con varios cientos de shows como productor a la espalda, otros tantos como batería y habiendo grabado para su sello auténticas joyas: a Hubert Sumlin, a James Wheeler e incluso un acústico a John Primer... Adrián el diplomático –es ironía-, el peligroso, como lo bautizó el propio Dotson haciéndole un blues en recuerdo de un accidente de automóvil que tuvieron en Brasil con guitarra volando y sorprendentemente intacta.

Aún recuerdo la reunión familiar en el garajero Fun House el pasado diciembre donde se destapó la crisis del boogie. Qué pasa, qué en Madrid sólo sabéis tocar shuffle. Las risas del normalmente hierático Dotson, desde la barra y whisky en mano, lo decían todo. Marca, marca la tercera menor... esa, esa es la clave de un Blues en menores... Terminamos cenando en el Iberia a las dos y media de la mañana entre taxistas, desubicados y, como diría Umbral, noctámbulos, noctívagos y nocherniegos. Amén.









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