Adversus Javier Marías

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El País Semanal de hace unas semanas publicó un artículo de Javier Marías titulado Como sioux, que bien merece un comentario.

No entiende Marías lo que los cristianos celebramos en Semana Santa, y por eso tampoco entiende las procesiones. Afirma que la Semana Santa le provoca vergüenza. Sin embargo, lo malo no es esto, que es opinable, lo penoso es que Marías miente en su argumentación, y cae en la demagogia más espantosa.

Miente Marías cuando dice que “durante ocho días está literalmente encerrado, cercado, prisionero, sitiado por las procesiones de Madrid, desde el Domingo de Ramos hasta el Sábado Santo”. Esto es sencillamente imposible porque en la capital las procesiones que le afectan salen el Domingo de Ramos, el Jueves Santo, Viernes y Sábado. De un plumazo pasamos de ocho días a la mitad, que no es poco.

Miente también cuando afirma que no puede ni leer, ni escribir, ni trabajar, ni ver una película, ni hablar por teléfono, ni recibir visitas. Además de lo dicho arriba, hasta el más lerdo sabe que las procesiones, por definición, se mueven. Aunque viva en la misma calle Mayor o en la Plaza de la Villa, las cinco o seis que pueden pasar por su portal, como mucho le “molestarían” una o dos horas en todo un día, el Jueves Santo tres o cuatro a lo más.

Miente cuando identifica al franquismo con el siglo XIX, y miente más cuando identifica los años del dictador a los de ahora. A nadie con un mínimo de sentido común se le ocurre hacerlo, porque nadie hoy se siente obligado a ir a las procesiones ni a ver las películas que las cadenas de tv retransmiten. Entre otras cosas porque en tiempos de Franco había una televisión y hoy tenemos cienes donde elegir. Quizá la vertiente más tribal, cutre, bruta, elemental, primitiva, supersticiosa y atrasada sea la suya, porque aún vive en el anticlericalismo empolvado del dieciocho.

Miente cuando dice que las procesiones no son noticia. Lo son, siempre y cuando la noticia esté donde están millones de personas, como es el caso. Otra cosa es que le gustara que no fueran noticia. Las procesiones a algunos les pueden parecer aburridas, pero el calificativo de sórdidas sólo lo usan tipos raros, como Marías.

Miente cuando habla de gente flagelándose en Madrid, o caminando de rodillas. Como mucho, se sacan de rodillas dos pasos procesionales, y eso son cinco minutos y por motivos de espacio.

Miente cuando afirma que la mayor parte de los espectadores son guiris de turismo. Según sus propias palabras, él no puede ni salir a la calle, y por tanto tampoco comprobarlo. Le hubiera bastado un paseíto para darse cuenta de su tontada. Además, desconoce que el 99% de los cofrades de Madrid son españoles.

Miente también cuando dice que las imágenes procesionales son horrendas, y luego cita a Goya como referente del arte, mezclando churras con merinas. Quizá no sepa que algunas de ellas son las mejores piezas de la escultura española de todos los tiempos, y por ende de la imaginería mundial. ¿Qué sería el arte sin Miguel Ángel, Velázquez, Murillo, Salcillo, Cervantes, Bach, etc.? Todos ellos profundamente cristianos.

Marías miente -o se contradice- en muchas partes de su artículo, pura demagogia y mala baba. Marías insulta, y los cristianos y ciudadanos de bien le perdonamos. Jamás responderemos con la zafiedad de la que él hace gala.

Sin embargo, Marías dice una verdad: cada año son más las personas que participan en las procesiones de Madrid, y cada año son más las miles de personas que van a verlas. Ni en tiempos de Franco participaba tanta gente, entre otras cosas porque bastantes de las Hermandades madrileñas son del tiempo de la democracia. En consecuencia, dado su cabreo, le aconsejo que se cambie de piso, o que rece a Dios para que llueva a cántaros en esos días: esto es lo único que puede hacer que las procesiones de Madrid no salgan a la calle.

Periodista
psagasti@nueve.org

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