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02/11/2011 - Juan Julián Elola Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Entiendo perfectamente que no se puede ser optimista cuando la recuperación económica parece no llegar nunca y la mejoría de las cifras del paro se retrasa cada vez un poco más. No se puede ser optimista cuando ves incertidumbre más que certezas. Estamos en un momento en que lo más que se puede pedir a cualquier español es que deje de ser pesimista. Y no es poco.

Este año pasará a la historia como el año en que estuvimos al borde del abismo, y no nos caímos. No están bien las cosas para muchas familias. Para muchas personas, al fin y al cabo, que es lo que se transparenta detrás de las cifras macroeconómicas. A pesar de ello, nuestra situación como país está a salvo. O al menos eso parece. Y más después de la ‘felicitación’ que dieron a nuestro país Merkel y Sarkozy hace unos días certificando que la deuda española está “fuera de peligro” y sabiendo, en cualquier caso, que eso es mal consuelo para quienes lo están pasando mal. No es que necesitemos ‘palmaditas en la espalda’ por parte de nadie, pero cuando se trata de una crisis internacional de desconfianza en las deuda soberanas, entre otras de la nuestra, el respaldo de naciones potentes como Francia o Alemania es un acicate más para alejar las dudas. Sobre todo cuando otro país, como Italia, se tambalea de manera alarmante. 

Muchos factores a analizar, muchas presiones a convencer y, ante todo, muchas preguntas por contestar. En ese contexto de desconfianza es donde se percibe con mayor claridad lo poco que han ayudado, desde luego, los comentarios del ex presidente Aznar, que ha puesto en duda la solvencia de nuestro país en varias ocasiones y que, dada su condición, goza en el extranjero de una credibilidad alta. No importa a quién le guste más o menos la persona. El caso es que es un ex presidente de todos los españoles y, como tal, debería tener consciencia de que sus palabras son tenidas muy en cuenta por los operadores en bolsa, por ejemplo.

Lo cierto es que ‘lo nuestro’ podía haber sido peor, mucho peor. No podemos imaginar las repercusiones que la situación actual va a tener para los griegos. Y no hablo del presente, de los recortes que están viéndose obligados a realizar y a sufrir. Me refiero a un futuro no muy lejano, que se presenta más que precario para la juventud  de esa nación. No quisiera ver a España en una situación similar, por mucho que hayamos vivido malos tiempos.

Ha sido muy difícil y mirando alrededor nos damos cuenta de que también ha sido muy costoso y muy duro. No es nada grato ver el resultado de la hecatombe, y más cuando la sensación es que, aunque lo peor es posible que haya pasado, no tenemos ninguna garantía de que la tormenta haya amainado. Queda todavía mucho por hacer, y mucho para saber cuándo y cómo salimos de ésta. Nadie nos puede asegurar nada y seguir aquí, incluso así, es ya de por sí un logro. Pase lo que pase en los próximos meses, dentro de no mucho tiempo todos reconoceremos que el simple hecho de haber mantenido el barco a flote en medio de una tempestad tan fuerte ha sido todo un mérito.

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