Mar afuera y mar adentro

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¿Por qué ante las mismas dificultades de la vida se reacciona de manera tan diferente? Madeleine Z., de 69 años, padecía una grave enfermedad progresivamente paralizante. Aunque no era una enferma terminal, su parálisis le limitaba: "Esto no es vida. Quiero dejar de no vivir". No le gustaba tener que ser cuidada por otros, lo que creía una pérdida de dignidad: "Mi libertad es morir con dignidad". Y murió, como nos informaron los medios. En cambio el pasado 19 de enero en La 2 nos econtramos con Mari Mar García Garrido. "Me llamo Mari Mar. Tengo 20 años, soy la mayor de seis hermanos y, como veis, tengo una enfermedad degenerativa, sin diagnóstico. Pero esto no me quita las ganas de vivir.

La prueba de ello es que estudio tercero de Periodismo. Puedo decir que soy una especie de Mar Afuera". Marimar también decía en este reportaje: "La dignidad sólo se la puede quitar uno mismo". Pensando los dos argumentos me quedo con el de Marimar, porque se da cuenta de que las limitaciones que tiene para la vida no la quitan su dignidad de persona. Es más, ella las considera un aliciente más para vivir.

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