¡Qué envidia!

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Uno de los pecados capitales es la envidia, y de los españoles aún más. Pues bien, yo siento una sana envidia del pueblo americano y de algunas de sus costumbres y tradiciones, las que se refieren a la Nación, los símbolos patrios, el honor y el respeto que sienten y profesan por lo suyo en cualquier rincón del mundo.

Me emociono cuando, desde su presidente hasta el granjero de la América profunda, muestran al mundo la grandeza de pertenecer, no a un partido u otro, sino de formar y ser Nación.

Tenemos que dejar de ser una nación de hombros caídos. Tenemos que sentirnos orgullosos de ser españoles y no sacar sólo a relucir los símbolos patrios cuando ganamos en algún deporte o en los funerales. La bandera, el himno, no deberían ser patrimonio de ninguna ideología o partido, son y forman parten de todos nosotros. Necesitamos sentimientos, vivencias e ideas que nos unan, ya tenemos una historia y una lengua en común, participemos de ellas.

Por eso, cuando reflexiono sobre las elecciones presidenciales americanas no puedo más que pensar ¡qué envidia!
 

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