Su Majestad, el Rey de España

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Don Juan Carlos, su discurso de Nochebuena fue, probablemente, el mejor que yo recuerde. No porque hiciera claras alusiones a lo que significan para usted cierto tipo de actividades (irregulares, ilícitas o no guiadas por la ética o la ejemplaridad) sino porque pudo conectar con una gran mayoría de la ciudadanía española. Me pareció percibir la presencia de las dos almas: la social y la económica, probablemente las dos intervinieron para escribir el texto final. Dos son los únicos apuntes que, con un espíritu leal, le haría llegar: Efectivamente, no hemos llegado hasta aquí para que nos arrebaten el estado de bienestar social, que es el que necesitamos los más vulnerables, no los que todo lo tienen. Sus opciones seguirán siendo libres en los campos de la sanidad, la educación, el empleo, la movilidad personal, la dependencia. Tendrán las condiciones de vida que quieran desde su nacimiento hasta su vejez. El segundo apunte se refiere, ni más ni menos, que añadir una ‘s’ a la palabra terrorismo. Nuestra memoria no admite diferenciaciones ante la muerte de personas inocentes. La paz es la ausencia de cualquier tipo de terrorismo, incluido aquel que se ha practicado y se sigue practicando, desgraciadamente, por las dictaduras radicales.

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