El ‘caso Aguirre’: mucho más que una anécdota

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“Es grave, pero no serio”. Esta frase del escritor y periodista Ennio Flaiano, que se refería a la situación política de su país, Italia, encaja como anillo al dedo con el incidente protagonizado por Esperanza Aguirre con agentes de Movilidad y policías municipales en plena Gran Vía. Les ahorro los detalles de la bochornosa peripecia, a estas alturas ya por todos conocida, si bien me permito señalarles los ‘olvidos’ de Aguirre en su narración de lo sucedido: hábilmente se centra en criticar a los agentes de movilidad (cuyo trabajo, casi inevitablemente, provoca antipatías aunque cumplan una labor importante y necesaria) y omite ‘detallitos’, como que la policía municipal la dio el alto y ella ni se dignó a detenerse en el recorrido hasta su casa. Sin duda, lo más grave e inaceptable de todo este esperpento. ¿Podría gobernarse Madrid si todos los madrileños siguiesen ese ejemplo?

Lo sucedido, con tintes tan llamativos, corre el riesgo de quedarse en la anécdota: son cosas de ‘Espe’, podíamos decir, disculpando en parte la ‘travesura’ como si no tuviese importancia. Estoy en desacuerdo con ese planteamiento.
El primer error de toda una expresidenta del Senado y de la Comunidad de Madrid es olvidarse de que no está por encima del resto de los madrileños. A todos nos han puesto una multa, a todos nos han parecido engorrosos, lentos  y probablemente innecesarios los trámites de los agentes, pero a ninguno de nosotros, simples ciudadanos, se nos ocurre irnos del lugar cuando se nos agota la paciencia. En un incidente tan nimio Aguirre demuestra despreciar uno de los pilares básicos del Estado de Derecho: la igualdad de todos ante los representantes de la Ley.

Ya es suficiente grave ese desatino, del que Aguirre podría tener que responder ante el juez, pero también es muy grave lo que vino después: un auténtico carrusel mediático en el que Aguirre terminó de perder el control, acusando a los agentes de movilidad (que tienen el rango de autoridad pública) de machistas y prepotentes, además de llamarles, en una supuesta gracieta, agentes de ‘inmovilidad’. La presidenta del partido que gobierna Madrid no tiene ningún problema en atacar a funcionarios públicos del Ayuntamiento de Madrid.

No estamos, en consecuencia, ante una simple anécdota, ante una jaimitada de un personaje peculiar y algo extravagante que tiene un mal día. Es cierto que Esperanza Aguirre ha cometido errores más trascendentes, pero éste nos dice mucho sobre su manera de ver el mundo: un lugar donde no todos los ciudadanos tenemos los mismos derechos y deberes. ¿Tiene el partido que preside algo que decir al respecto?

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