El asesino de Pioz y el determinismo criminal

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Los forenses encargados de su examen psicológico aseguraron que el procesado tiene rasgos psicopáticos muy definidos. Presenta “frialdad emocional” y es capaz de manipular y mentir en su propio beneficio. La ausencia de un correlato emocional señala “una ausencia total de arrepentimiento, empatía y remordimiento”. “Conoce perfectamente lo que está bien y lo que está mal y tiene plena capacidad. Lo hizo consciente de lo que hacía y porque quería hacerlo”, fueron las frases pronunciadas por los profesionales, confirmando que Nogueira actuó con premeditación y no de una manera impulsiva.

Como en muchos casos de este estilo, la línea de la Defensa es alegar una enfermedad, enajenación mental continua o transitorio para rebajar las penas o para que el condenado sea confinado en un psiquiátrico. Rara vez lo consiguen. Pero en este caso los abogados un paso más allá al centrarse en el supuesto daño neuronal del Patrick, que le empujaría a matar. De hecho, por primera vez en un juicio se aceptó como prueba una neouroimagen del cerebro del acusado.

Esta circunstancia ha desempolvado uno de los debates más importantes de la Criminología moderna. Se trata del determinismo físico, que considera que ciertas taras biológicas o genéticas determinan o predisponen cierta conducta a la violencia y, por tanto, al crimen. Esta corriente fue iniciada en el siglo XIX por el médico Cesare Lombroso, cuya concepción del delito es el resultado de tendencias innatas, observables en ciertos rasgos fisonómicos en los delincuentes (asimetrías craneales, formas de mandíbula, arcos superficiales, etc.). En este caso Nogueira no pasaría la prueba del algodón: su belleza aparente, sus rasgos faciales suaves y redondeados y sus manos finas se alejan mucho del ser criminal atávico lombrosiano.

Pero el criminólogo italiano fue evolucionando y con el tiempo en sus obras ya menciona otros rasgos criminogénicos alejados de lo físico y cercanos a lo social y conductual, como el alcoholismo, la educación y la posición económica, que Patrick ha incorporado en el juicio como si de un manual se tratara: “Mi vida es una basura de errores, de mierdas tras mierdas. En mi infancia no tuve muchos amigos y cuando cambié de colegio los mayores me pegaban, humillaban y me llamaban maricón. La única manera que he tenido para reaccionar ha sido la violencia; tenía que defenderme y no sabía cómo”. Y tras señalar que el alcohol “ha sido su único amigo en la vida”, volvió a caer en el determinismo global: “No he elegido ser de esta manera, no he elegido funcionar de la manera que funciono. Si me dijeran que hay fármacos que pueden cambiarme, los tomaría”. 

De poco ha servido esta estrategia de la defensa contra el sólido muro de los forenses: “Si algo define la conducta humana es la impredecibilidad. Ni todos los psicópatas son asesinos, ni todos los asesinos son psicópatas”. Hace unos días el jurado declaró culpable a Patrick de matar a sus dos tíos y sus dos primos, de descuartizarlos y de ocultar sus cadáveres en bolsas de plástico. Ahora, el juez tendrá que tasar su pena, sin ninguna de las eximentes solicitadas. “Porque para matar no hay que estar loco, hay que ser malo”, sentenció la fiscal.

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