La aplicación de las leyes

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La semana pasada unos padres denunciaron el acoso escolar que han sufrido durante muchos meses sus dos hijos en el madrileño distrito de Usera. Se encendieron entonces la alerta del ‘bullyng’. Desde hace años existe un Protocolo de Actuación contra el Acoso Escolar, en el que la administración competente, en este caso la Comunidad de Madrid, había puesto en marcha en comunión con la comunidad educativa.

Omar y Aarón llevaban sufriendo empujones, vejaciones, insultos y amenazas desde hacía año y medio por parte de unos ‘matones’ dentro y fuera del instituto. De hecho, en un mundo en el que imperan las redes sociales, podemos decir que su acoso era de 24 horas, tanto que ya no salían de casa solos. Por eso fueron a buscarles. El pasado 15 de diciembre una veintena de chavales se apostaron en su puerta para lincharles. Tuvo que venir la Policía, que acabó deteniendo a 15 adolescentes, que ya pasarán a manos de la Fiscalía.

Ante este caso, la reacción del Gobierno regional no pudo ser más decepcionante. Hablaron de que solo dos de los detenidos eran alumnos del instituto y que éste no le había informado del bullyng que sufrieron los dos hermanos, cuando sus padres lo venían denunciado desde hacía mucho tiempo, con vídeos incluidos de episodios violentos dentro del instituto. El instituto no quiso hablar con la prensa y la asociación de padres y madres de alumnos quitó hierro al asunto hablando de casos de violencia, pero no de acoso escolar. Una vez más, las AMPAS lanzando balones fuera para evitar un supuesto desprestigio del colegio, actitud irresponsable que ya hemos visto en casos como los abusos escolares en el colegio Valdeluz.

La alusión a “hechos aislados”, “pelea de chavales”, “algo también harían los otros” recuerda mucho a los argumentos falaces que se emplearon durante muchos años para minimizar o incluso justificar casos de violencia de género. Y esa es la mentalidad que tenemos que cambiar. Las víctimas son víctimas y si hemos creado instrumentos para luchar contra casos de violencia concreta tenemos que ponerlos en marcha, sobre todo en las fases primeras, que es cuando se intenta evitar consecuencias más dramáticas a largo plazo, como los suicidios.

Las escuelas y, sobre todo los institutos y colegios mayores, siguen siendo campo libre para insultos, hostigamiento o incluso agresiones al diferente, al feo, al empollón o simplemente al que pasa de grupillos o líderes carismáticos. Es el momento de actuar y no solo de salir en la foto.

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