Las lecciones del caso Valdeluz

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En un primer momento, y siguiendo el manual no escrito en casi todo este tipo de sucesos, la dirección del Valdeluz y muchos padres no dieron credibilidad a lo ocurrido. Podría tratarse de la típica fase de negación dentro del proceso de duelo. Sin embargo, ambas partes perseguían sólo una finalidad: que lo ocurrido no empañara la buena imagen del centro. El prestigio por encima de todo, incluso de las víctimas, su indefensión y sus traumas futuros. Una vuelta de tuerca al clasismo, pero en el siglo XXI, ése en el que los padres rivalizan por dónde llevan al colegio a sus hijos, por los coches o móviles que se compran o por las vacaciones más exóticas que disfrutan.

La detención del director y del jefe de estudios por encubrimiento tan sólo unas horas después de manifestar que desconocían lo que pasaba supuso un jarro de agua fría a ese objetivo de una imagen sin mácula del Colegio. Finalmente ambos no fueron procesados.

Tras cuatro años y pico ahora ha salido la sentencia: 49 años, 5 meses y 21 días de prisión para el profesor detenido por 12 delitos de abusos sexuales. El tribunal mantiene en la sentencia que el docente era una persona querida y valorada, además de que mantenía una relación cercana con sus alumnas. Esto lo aprovechó “para tocarlas y satisfacer su deseo e impulso sexual, comenzando con besos, abrazos, cosquillas, hasta ir aumentando los toqueteos progresiva y gradualmente en el tiempo, poco a poco, llegando a manosear piernas hacia ingles y zona vulvar e interior de los muslos, espaldas, senos y nalgas”.

Detalles de unos abusos que varias niñas sufrieron durante 6 y 7 años, por lo que la lista de secuelas psicológicas que describe la sentencia es interminable. En el juicio el acusado llegó a decir que algunas de estas chicas “estaban coladas por él”, y que le denunciaron por venganza contra su mujer (que también era profesora y daba clase en ese colegio) y por dinero. El Valdeluz ha sido condenado también como responsable civil subsidiario.

Un caso mediático con una pena ejemplar. También un mensaje de lucha contra la impunidad de este tipo de delitos, hasta hace poco invisibilizados o directamente tapados. Condena para el responsable pero también bochorno para quienes no supieron estar con las víctimas cuando más lo necesitaban o con remordimiento de poder haber evitado posteriores abusos. Si los que se dedican a guiar a los más jóvenes por la vida no predican con un buen ejemplo, de nada sirve una buen reputación o unos buenos conocimientos impartidos en tal o cual colegio de renombre.

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