Valdeluz, Valdesombras

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El pasado 12 de febrero un profesor del Colegio Valdeluz del barrio del Pilar fue detenido acusado de abusar sexualmente de una quincena de adolescentes en los últimos siete años. El discreto Andrés utilizaba su condición de profesor, según fuentes policiales, para realizar tocamientos a menores en el centro, en una academia cercana de música que regentaba, e incluso en su propio chalé.

En un mes, lo que aparentemente era un caso con todas las piezas sobre la mesa, ha incorporado nuevos jugadores, algunos con intereses espurios. Un sálvese quien pueda que al final no ha favorecido a ninguna de las partes.

En un primer momento, y siguiendo el manual no escrito en casi todo este tipo de sucesos, la dirección del Valdeluz y muchos padres no dieron credibilidad a lo ocurrido. Podría tratarse de la típica fase de negación dentro del proceso de duelo. Sin embargo, ambas partes perseguían sólo una finalidad: que lo ocurrido no empañara la buena imagen del centro. El prestigio por encima de todo, incluso de las víctimas, su indefensión y sus traumas futuros. Una vuelta de tuerca al clasismo pero en el siglo XXI, ése en el que los padres rivalizan por dónde llevan al colegio a sus hijos, por los coches o móviles que se compran o por las vacaciones más exóticas que disfrutan.

La detención del director y del jefe de estudios por encubrimiento, tan sólo unas horas después de manifestar que desconocían lo que pasaba, supuso un jarro de agua fría a ese objetivo de una imagen sin mácula. Mientras, las piezas del tablero seguían moviéndose y supimos que una de las víctimas había contactado en su momento con un centro regional de ayuda, que le atendió pero que no denunció los hechos, siguiendo el protocolo legal establecido.
El debate estaba servido:
¿por qué esos padres no denunciaron ante la Policía lo que les había contado su hija? ¿Debería cambiar la Ley para que las Administraciones dieran un paso más y denunciaran este tipo de delitos, independientemente de la decisión de los progenitores?

En un nuevo giro a la historia la joven tratada en el centro público ha relatado ante al juez que allí le aconsejaron no denunciar; el mismo día en el que el ya exdirector del colegio declaraba que no sabía nada de los hechos en cuestión.

Estrategia o no de ese director o de esos padres con sentimientos de culpa, la renovada dirección del colegio concertado y la mayoría de los padres de los alumnos van pasando las fases del duelo y asumiendo lo ocurrido. Porque, de probarse en un juicio, no habrá más culpable directo que el pederasta. El resto quedará para bochorno de quienes no supieron estar con las víctimas cuando más lo necesitaban y para remordimiento de poder haber evitado posteriores abusos. Si los que se dedican a guiar a los más jóvenes por la vida no predican con un buen ejemplo, la luz de la antorcha se apagará a mitad del camino.

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