Cultura de la imagen

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Continuo con eso tan ochentero de los posters y leo un titular en La Voz de Galicia: “Mi suegra tenía un poster mío colgado en su habitación”. Bertín Osborne dixit. Ha encontrado su nicho -un gran nicho de mercado, no sean mal pensados- de sesentón adolescente que lo mismo sirve para vender conservas, para planchar un disco de rancheras, o para jugar con Arévalo a los gemelos golpean dos veces.

Salgo a la calle. Hoy hace sol y el siguiente café lo quiero con ruido de bar. Paso por una marquesina de autobús en el que Vodafone aprovecha el tirón feminista del 8M para subirse al carro del uso mercantilista con un ¡Seguid luchando Reinas! como si la cosa sólo fuese con ellas; o quizá se trate de un mensaje interno a sus trabajadoras metidas en un ERE donde este mes se cargarán a un 25%. Quién sabe.

Ya sin poster, pues necesitarían un poliedro y eso es difícil de pegar en una pared, está el caso de Ciudadanos, que ha pasado de ir en una dirección, cuando sólo estaban en Cataluña, a quedarse con estrabismo en clave nacional de tanto mirar a la vez a la derecha y a la izquierda sin tampoco ser de centro. Quedamos a la espera de que Malú les haga la banda sonora ya que desde hace mucho tiempo se dedica más al producto de plástico que a la música.

Ad latere. Lo del 8 M está bien para echar toda la pólvora en un solo día y que los fuegos artificiales los alcance a ver hasta el más garrulo, pero la clave son precisamente todos los días menos el ocho de marzo, evitando, también, ese uso demagógico que se quiera o no traen las mascletás.

Un toque de atención. ¿De verdad dice en serio la candidata de Podemos en Ávila que quieren tirar su candidatura por ser mujer? Utilizar el victimismo para defender el feminismo puede traer un beneficio instantáneo en un mundo de lo políticamente correcto, pero sin duda lastra la lucha real y la carrera de fondo.

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