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14/11/2018 - Juan Julián Elola Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Debate no es pelea
Me vais a perdonar pero quiero comenzar con unas palabras extraídas de una famosa película: “El odio lleva a la ira, y la ira al Lado Oscuro” 

 es que va a tener razón el Maestro Yoda acerca de que en el origen de la maldad está el miedo, aunque queramos disimularlo. Y si no es plausible en lo personal, en lo individual, que nos guiemos por el odio, mucho menos se puede permitir en el caso de las personas que se dedican a la política.

En muchas ocasiones he abordado en esta columna el tema desde distintas ópticas, pero siempre defendiendo la misma postura. No creo en la pelea política, pero soy acérrimo defensor del debate político. En momentos en los que la tribuna del Congreso se ha convertido casi en un ring de boxeo, vuelvo a plantear la necesidad del debate como una alternativa a la discusión. La pelotera no representa, según mi percepción, a la mayoría de los ciudadanos, que nos encontramos mucho más a gusto en la confrontación que suponga un punto de partida para alcanzar acuerdos. Para eso hay que ser flexible, estar abierto a escuchar las propuestas del contrario, y saber que hay que ceder y no ser intransigente con las propuestas propias. No puede haber “líneas rojas” cuando comenzamos a debatir.

Siempre se ha dicho que de un buen acuerdo nadie puede salir contento, puesto que todos hemos tenido que ceder para alcanzarlo. Si hay alguno más contento que otro es porque ese considera que ha ganado, con lo que el acuerdo solo estará en vigor hasta que quien considera que ha perdido tenga posibilidad de romperlo y darle la vuelta. Ese es el talón de Aquiles de un pacto. Una política de blancos y negros, de verdades absolutas o realidades únicas, no permite la tolerancia necesaria para los grandes acuerdos.

Pero es precisamente entre quienes venían con disposición a romper el sistema en los que se ve ahora una mayor predisposición al enfrentamiento sin cuartel. En un parlamento tan fragmentado, con tal variedad de partidos y colores y, por tanto, posiciones políticas, la negociación y las concesiones deberían ser la norma, frente al insulto y las trincheras dialécticas. Esperemos que en algún momento la tensión calme y de paso al diálogo. Desde posiciones enfrentadas, como parece lógico, pero con interés e intención de alcanzar acuerdos de la mayor dimensión posible.

Ahora vemos que en Estados Unidos se ha producido un envío que podríamos considerar masivo de artefactos explosivos (bombas, dicho en plata) a políticos demócratas. No se había producido nunca, no hay antecedentes ni siquiera similares. El enrarecimiento del ambiente político y colocar al adversario como enemigo puede ser el origen de todo. Creo yo. A ver si al final el precio que vamos a tener que pagar va a ser demasiado alto.

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