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20/01/2010 - Víctor Núñez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Educación para el civismo
Víctor Núñez

En estos días asistimos a un nuevo debate sobre la asignatura de Educación para la Ciudadanía, debido al posicionamiento del PP en caso de su hipotética victoria electoral. Esta asignatura que a algunos les gustaría convertir en una soflama más de la Religión de lo Políticamente Correcto, doctrinario que pretende ‘educar’ a los tiernos retoños en una especie de Educación en el Espíritu Nacional, pero sin nación y sin espíritu. A los padres de la patria no les importa el fracaso escolar, ni la violencia en las aulas, tampoco les preocupan las Altas Capacidades, ni la desvertebración de nuestro sistema educativo. Les preocupa sobremanera adoctrinar a los chavales sobre temas morales y políticos sin darse cuenta de que estas materias no son de su competencia, es más, según recoge nuestra Consititución que ampara la libertad de enseñanza, son patrimonio de los padres. 

Aún suponiendo una absoluta asepsia en tema morales yo me pregunto: ¿por qué a nadie parece preocuparle que cada vez exista menos respeto hacia el prójimo en nuestra sociedad? Me explico: los chavales ya no llaman a los profesores de usted, tampoco a los mayores, ni a nadie, ya que te pueden endilgar el epíteto de carcamal. Tampoco hay respeto por la religión (bueno, a unas más que otras, sobre todo si no tienen nada que ver con el cristianismo), por la patria (¡menuda reliquía fascista!), hacia los ancianos (total, para lo que les queda), ni hacia las embarazadas (¿quién tiene hijos en estos tiempos?); ya ni siquiera existen esas pegatinas en el trasporte público que nos recordaban la prioridad de las futuras madres en los asientos del suburbano. 

Profesiones antes respetables como la de maestro, nada de educador, o la de médico, quedan reducidas a meros tratantes de conocimientos o de medicamentos. Si un joven con pantalones caídos y una gorrilla beisbolera escucha la música a todo volumen en el metro o autobús molestando a todo el personal circundante, no pasa ‘naaaaá’, si en un restaurante un ejecutivo pega gritos a su móvil para que todos nos enteremos de sus entresijos laborales, no hay que decirle ‘ná’ de ‘ná’, ya que está haciendo un uso de su libertad. Si estás tranquilamente en tu casa y al vecino le da por reunirse con sus amiguetes hasta las tres de la mañana, no se te ocurra increparle, ya que está disfrutando de su inalienable derecho al ocio. Si a la señora de turno le peta aparcar en doble fila para comprarse unas  medias en la calle Serrano en hora punta, bloqueando un carril y ocasionando un atasco considerable, no le reproches su actitud, está haciendo uso de la ley ‘la calle es de todos’. Si a un grupo de energúmenos les da por celebrar la victoria de su equipo destrozando el mobiliario urbano y pegando alaridos, es sólo una forma de expresar el amor por sus colores.

Por todo esto, yo propongo cambiar la dichosa asignatura por otra mucho más sencilla: Educación para el Civismo, su único mandamiento: ‘Tu libertad termina donde empieza la de los demás’.

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