¿El anillo pa’ cuándo?

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¿El anillo pa’ cuándo?

Vamos a hacernos una cata a los amortiguadores de nuestra paciencia, a ver si entre todos descubrimos cual es nuestro tope como ciudadanos.

Recordemos que nuestro flamante presidente modificó las restricciones que la Comunidad de Madrid estaba aplicando y que, estaban funcionando, pues al menos seguían una lógica razonada, y se restringía la movilidad a las zonas sanitarias con mayor índice de contagios.

Supongamos que el Gobierno central de Falconeti, tras el mazazo judicial recibido, se lanza a decretar un Estado de Alarma exclusivo para Madrid por dos semanas con el único objetivo de desgarrar lo poco que le queda de las posibilidades de levantarse a muchos negocios.

Imaginemos que decide confinar nuestra Comunidad a lo pataleta de nene mal criado solo porque los jueces le han llevado la contraria, y ahora le dice a Ayuso “rebota rebota y en tu culo explota”. Pero este majara no se da cuenta que la presidente va a cobrar lo mismo, y a los que amarga la vida es a los habitantes de Madrid, en concreto, y a España en general.

En esta loca hipótesis que planteo, Navarra, Cataluña y Aragón tendrían datos peores en esta segunda ola, pero solo vamos a ponerle imaginación… ¡Anda! Qué Sánchez ya lo ha hecho…

Subamos de nivel, ya que el único objetivo es acabar con la presidente de la Comunidad de Madrid. Imaginemos que, tras el destrozo por ese Estado de Alarma de dos semanas, Iván Redondo considera que le ha sabido a poco, que un par de semanas más enterrarían del todo al enemigo y quedará bien claro quién es el cacique del cortijo. Quien sabe, quizá le cogen el gusto y van empalmando hasta cambiar de año.

¿Ahí ya reaccionamos la ciudadanía? ¿No? Vamos a darle una vuelta más al tornillo; supongamos entonces que, entre gamba y gamba, Pedro Sánchez hace una llamadita a un magnate húngaro y contrata una panda de extraterrestres de cuerpo verde, con antenitas y todo, extraterrestres de los buenos, y que midan 4 metros de alto, como los de las películas.

Les encarga aterrizar con sus naves espaciales en la Puerta del Sol (ojalá tengan cuidado de no dañar el km 0 al aterrizar), y movilizarse por toda la Comunidad para, ayudados de láseres y herramientas del futuro, vayan subiendo la calle Preciados, destrozando lo que pueda quedar de los comercios. Continúan por Gran Vía, se desvían por Fuencarral y, en un par de semanas, dejarán arrasada la Comunidad al completo.

¿Quizá ahí ya saltemos los ciudadanos a sacar de las orejas a este desastre de ser humano de La Monclo? ¿O seguiríamos pagando impuestos como monos y aplaudiendo en los balcones como focas bien amaestradas?

Paralelamente, el chiquilicuatre de Pablo Iglesias y la inventora de la ciencia, Irene Montero, seguirán haciendo justo lo contrario de lo que vendieron. Casoplón de más de un millón de euros en una de las zonas más privilegiadas de Madrid, sirvientes, coches oficiales, familia numerosa, pasta en las cuentas, viviendas para invertir en propiedad, superamigues colocados… y yo me pregunto, Pablo; ¿El anillo pa’ cuándo? Solo os falta la boda en La Almudena y decirles abiertamente a vuestros simpatizantes “¿si estáis ciegos, qué queréis que haga yo?”

¿Tan merluzos podrán ser sus votantes de no darse cuenta? ¿O es que Errejón hizo bien su trabajo, ya no quedan votantes y solo hay redes clientelares?

Señora Isabel Diaz Ayuso, convoque elecciones ya. No haga caso a Pablo Casado, que le tiemblan las piernas más que a un novato y está llegando ya a terminar como “izquierdita cobarde”.

Ya llega tarde, pero gaste la última bala. Saque toda la sangre que lleve dentro, póngale valor, que los ciudadanos estamos hasta el moño y nos subimos por las paredes.

Ciudadanos tiene abierto el cajón de la cocina silbando como un tarado, y solo pensando con que cuchillo apuñalarla.

¡Vamos presidenta! Mañana será tarde, dé un golpe encima de la mesa y vamos a votar.

Si no, en un parpadeo me veo cruzándome por Recoletos con un ET de 4 metros, y ahí ya no habrá retorno. En La Moncloa tenemos un psicópata de manual que no va a tener límites.

César Blanco González

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