El Estado

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Este breve análisis nos lleva a plantearnos: ¿Qué es la política?

Decía el Presidente Suárez (QEPD) que “a la política se viene llorado…”. Con esas palabras quería señalar que se debería venir con callo, con experiencia de gobierno, con experiencia en la Administración.

Sin ir más lejos, observamos no solo desgraciadamente en este Gobierno las idas y venidas en su órdenes y directrices, que muchas veces sólo entran en vigor horas, sino minutos; y que la estrategia, o no se activa por intereses espúreos o por falta de conocimiento. En definitiva somos los gobernados quienes sufrimos sus consecuencias.

El mundo que conocemos actualmente atraviesa por un cambio de paradigma. La sociedad no volverá a ser la misma después de los confinamientos y su posterior desescalada.

Todo se ha cuestionado, como la importancia de esos trabajos humildes que nos han salvado la vida, literalmente como las cajeras, mensajeros, guardias de seguridad.

Qué decir de los sanitarios, policías, militares. Aquellos que han sufrido a lo largo de los últimos años un recorte en sus presupuestos, porque siguiendo la analogía del cuento de Pedro y el lobo, nunca pensaron que llegaría el lobo.

Además, sorprende la valoración del Presidente del Gobierno, el cual calificaba de “enorme sorpresa positiva” la actuación de estos cuerpos.

Tener una buena imagen personal, ideas y principios sólidos y una preparación adecuada para la política, no significa necesariamente ser un hombre de Estado.

La edad y con ella la experiencia de años en la gestión y administración de un Ayuntamiento, Comunidad Autónoma o el Gobierno del Estado es lo que da ese callo, ese conocimiento para poder actuar con criterio ante una crisis de esta envergadura mundial.

Merkel, Putin, Trump (entiendo que Trump tendrá experiencia en los negocios, pero le veo poco recorrido de experiencia política, especialmente si lo comparas con Putin o Merkel que llevan 20 años en esto) o Xi Jinping, son líderes que llevan a sus espaldas años de preparación y gestión, bien de administraciones públicas, bien de grandes imperios empresariales.

¿Tenemos un hombre de Estado? Todo esto nos lleva al análisis sobre si en este momento tenemos en nuestro país un hombre de Estado. Un líder que reúna sobre él o ella las cualidades necesarias expuestas anteriormente. ¿De verdad lo tenemos?

Hemos visto que los gobiernos peor valorados han sido los que vinieron a aprender desde el Gobierno como se administraba a los ciudadanos, resultando sus políticas en paro y crisis.

Con un aumento desenfrenado de la deuda y el gasto público en personal y organizaciones, vulgarmente llamadas chiringuitos, centradas más en la colocación de amigos y seguidores.

Los partidos deberían formar a sus futuros dirigentes entre jóvenes preparados, reuniéndoles poco a poco en grupos políticos internacionales afines a su ideología y creencias.

Esto facilitaría las negociaciones futuras entre conocidos y no estar sentado en una silla, cual pasmarote, a un nuevo allegado sin confianza ni capacidad de comunicación entre los líderes mundiales.

La imagen de los Presidentes españoles sentados y aislados frente a las conversaciones distendidas y aparentemente divertidas de los demás dirigentes internacionales es la viva imagen de este concepto que les expongo.

A todo esto se une un Nuevo Orden Mundial (NOM), el cual relativizará todas las creencias y principios que hasta ahora nos han parecido sólidos y tradicionales.

Ese relativismo es el que nos llevará a plantearnos cuestiones tales como, “¿qué es más importante, la vida de un animal (toros) o la de un ser humano (aborto)?”.

Nos llevará a plantearnos el coste de los mayores, los cuales son caros y poco productivos, siendo preferible dejarles abandonados a su suerte en las residencias frente a los jóvenes con más futuro.

Juan Solaeche-Jauregizar y Bielsa

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