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13/03/2012 - Pablo Sagastibelza Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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El Salvador 20 años después

La República de El Salvador es un país pequeño, con una extensión parecida a la de la provincia de Badajoz, unos 21.000 km², pero con una población nueve veces mayor (algo más de seis millones doscientos mil habitantes): es el país más densamente poblado de toda América Latina. Tres millones de salvadoreños viven como emigrantes en Estados Unidos. En 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz después de doce años de cruenta guerra civil, en la que murieron unas setenta y cinco mil personas. Casi un 15% de la población es analfabeta.
Empecé a trabajar para el país en temas de cooperación internacional en 1992, justo recién acabada la guerra civil. Todo un reto de reconstrucción para un joven universitario. En 1994 viajé por primera vez a “El Pulgarcito de América”, y desde entonces hasta el momento sigo sumando viajes concatenados.

Cuatro lustros son suficientes para hacer un balance válido sobre la evolución general de un país. ¿Qué ha ocurrido en El Salvador desde la fecha que señaló el fin de la contienda? Algunos datos pueden ayudar a entender lo que ha pasado y lo buenas que son la paz y la democracia: en 1992 había dos tramos de “carretera” de doble carril, de la capital al aeropuerto y de la capital a la segunda ciudad del país, Santa Ana, el resto eran como las nacionales de España, pero muchas de tierra y llenas de hoyos; en 2007 el país contaba con más de 3.000 km de carreteras pavimentadas, bastantes de doble carril totalmente nuevas. En veinte años la clase media ha crecido significativamente; de 100.000 coches se ha pasado a más 500.000; casi un 90% de los hogares tiene electricidad, lo que significa un 20% más que en 1992; hoy hay más teléfonos que personas en el país; se ha reducido el analfabetismo en un 10%; la esperanza de vida ha pasado de los 66 a los 71 años; los hogares que viven en pobreza descendieron del 60% al 35%, y de pobreza extrema del 28% al 10%. Podríamos seguir, pero basta un botón de muestra. Desde luego, la felicidad de un hombre no se mide sólo por estas cosas, pero en principio son variantes válidas para analizar el progreso de una nación.

Evidentemente, también hay problemas. Sobre de todo de violencia e inseguridad. No parece que el narcotráfico se haya introducido como en México o Colombia, pero las pandillas funcionan al más puro estilo mafioso, extorsionando y chantajeando, con muchos muertos por batallas entre ellas por el control de las zonas. Hay unos 14 muertos al día en todo el país, que son muchos muertos. Se respira un clima de miedo y sólo algunas zonas son totalmente tranquilas y seguras. No conviene andar paseando a la caída del sol y siempre hay que ser precavidos. Hay que seguir luchando contra la pobreza, la violencia contra las mujeres, por mejorar el deficiente sistema educativo y potenciar una cultura más favorable al trabajo.

Queda mucho por hacer, pero el balance de veinte años de trabajo es positivo.

psagastibelza@gmail.com









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