En desagravio a los chinos

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Acabo de leer en El Confidencial un artículo sobre un ciudadano chino que regenta un bar de tapas por la Ribera del Manzanares, en nuestra Villa y Corte. Al parecer, este hostelero es un ferviente defensor de Franco y de sus políticas sociales. En sus palabras “Franco es el único que tuvo huevos” (con perdón).

Aunque no estoy de acuerdo con estas opiniones, ni de lejos (ya escribiré algo sobre el general), tengo que confesar que este señor chino, de nombre Chen Xiangwei, me merece el mayor de mis respetos. Lo que me indigna del artículo es el tufo racista que desprende. Cada vez que aluden al señor Chen, hacen una supuesta gracieta sobre su origen. Esto, que en España nos chirriaría si leyéramos sobre ciudadanos de origen africano o americano, es habitual cuando hablamos sobre ciudadanos chinos, filipinos o japoneses. Y estoy harto.

China es una civilización milenaria que nos da cien vueltas en casi todo. Cuando en España estábamos tirando piedras con honda a los romanos, ellos ya construían ciudades e imperios; cuando aquí matábamos una cabra para vestirnos con sus pieles, ellos vestían con la seda obtenida de capullos hechos por unos gusanos; cuando aquí acudíamos al trueque de productos, ellos comerciaban e inventaron los billetes y el sistema bancario. Además de eso, inventaron el papel, la pólvora y la pasta, entre otros productos sin los cuales no podríamos vivir hoy en día. Qué decir de su posición como segunda superpotencia mundial solo 100 años después de acabar con el último emperador, y solo 70 años después de acabar con los japoneses y con décadas de guerra civil.

Los chinos en Madrid se levantan con el sol y cierran sus comercios, restaurantes y negocios quince horas después o más. Pagan impuestos, son solidarios con su comunidad (y cada vez más con otras). Son limpios, ordenados, trabajadores y simpáticos. Ya está bien de referirnos a ellos con desdén, superioridad o cachondeo. Nos superan en casi todo. No puedo soportar la humillación que sufren cuando algunos van a sus restaurantes y se ríen en su cara por su pronunciación o por los palillos o cualquier otro elemento de sus culturas. Y me abochorna cómo disimulan y sonríen, a pesar de que nos entienden perfectamente. Me gustaría ver a esos maleducados españoles intentando pronunciar algo en chino mandarín o cantonés, o yéndose al fin del mundo a montar un negocio en un país cuya lengua es un galimatías.

Así que sirvan estas líneas de desagravio con el señor Xiangwei y con sus conciudadanos y vecinos chinos de Madrid. Sin por ello olvidarme de que el gobierno de su país de origen ha destruido las libertades de sus ciudadanos y sigue destruyéndolas sin que nadie en Occidente intente montar una “primavera china” para acabar con esa dictadura…

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