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07/02/2014 - Luis Miguel Boto Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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¿Igualdad?

Es bien sabido que en una democracia que se precie todos los ciudadanos deben ser considerados iguales ante la ley y en derechos y obligaciones. Forma parte de uno de los pilares del Estado de Derecho, y sin duda el propio Estado existe precisamente para garantizar esta igualdad dentro de sus leyes. Sin embargo haciendo mías las palabras de Joaquín Leguina no somos todos iguales ante los medios de comunicación. Y añado yo, tampoco ante la opinión pública, ante la sociedad en general o ante determinados grupos o sectores. Ahí, no todos somos iguales. Hay casos que son evidentes.

Primer ejemplo, diciembre de 2009, el entonces primer ministro italiano Berlusconi sufrió una brutal agresión en su rostro por parte de un ciudadano que le insultaba e increpaba por supuestos casos de corrupción. Tuvo que ser ingresado debido a una fractura del tabique nasal y daños en sus dientes. Segundo ejemplo, verano de 2011, mientras el presidente de la República francesa saluda a unos vecinos en  un acto público, uno de ellos le agarra fuertemente de la solapa de su chaqueta y le trata de tirar al suelo, produciendo un forcejeo. Último ejemplo, hace pocos días un grupo de autodenominadas activistas feministas ataca con pésimo gusto y gran repercusión mediática al Cardenal-Arzobispo de Madrid, Monseñor Rouco-Varela. Un señor de 78 años.  El motivo esgrimido en este último caso, las discrepancias entre este grupo social y la Iglesia Católica entorno al aborto.

Con estos antecedentes, y otros muchos ejemplos que podemos encontrar en las hemerotecas, me surge la siguiente pregunta ¿deben entonces determinadas personas de evidente tirón mediático y social ser expuestas como si fueran otro ciudadanos que sean absolutamente desconocidos?. Estamos en un sistema que basado en la igualdad, se está olvidando de la seguridad. Desde el punto de vista mediático y social, es evidente que se produce una sobreexposición innecesaria que además puede dar lugar a que algún perturbado pase los límites de la protesta pacífica a la agresión personal como hemos visto en los anteriores ejemplos.

Desde aquí no quiero hacer ningún comentario ni recomendación acerca de personas concretas pero solo pretendo abrir la reflexión, a la vista de los ejemplos mencionados, de si un personaje público con gran proyección mediática como un cardenal, un ex banquero, o un  presidente tienen garantizada la igualdad ante la opinión pública y los medios. Esperemos que comprender demasiado tarde sea como no haber comprendido.









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