La crisis y los países serios

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Algo de razón hay que darle a la euro-escéptica Gran Bretaña visto el percal montado por los pícaros periféricos que amenazan con infectarlo todo con su economía de trileros. Entre los que mienten (Grecia) y los que han mirado para otro lado durante demasiado tiempo (España) con esa excusa pueril de que si no lo miro, no existe, tenemos a Merkel echando espuma por la boca.

Por mucho que Alemania haya demostrado que es el único país que cree en el concepto de Europa, pues el resto o sólo son conscientes de que no se pueden quedar fuera o buscan avanzar a remolque de ésta, no es de recibo que tenga que asumir el seguir tirando de un tren con vagones de trabajo mal hecho por compañeros de cama que, en vez de ordenar sus cuentas, las han ido escondiendo debajo de la alfombra hasta que ésta se ha convertido en un campo de minas.

Es verdad que no se libran Alemania y Gran Bretaña de la necesidad de llevar a cabo medidas de choque, pero cuentan con tres ventajas: la primera es que, sean mejores o peores, tienen las cuentas claras en el sentido de una fotografía nítida de su situación económica, una información veraz y sin zonas oscuras como base para tomar medidas no sólo eficaces sino eficientes; la segunda es que la estructura productiva tiene una consistencia de la que carecen el resto; y la tercera, son unos dirigentes dispuestos a mirar a un plazo no tan mínimo como para sólo alcanzar la punta de sus zapatos o como mucho las urnas de las próximas elecciones.

Merkel es, con diferencia, lo mejor de la política en Europa, ideologías aparte, tomando medidas de urgencia en el corto plazo para no empeorar la situación, de control en el medio plazo para evitar recaídas o nuevas situaciones críticas, y de inversión -no simple gasto- para el largo plazo. Su imagen se deteriora desde el punto de vista del ciudadano de a pie, del individuo que sufre la crisis y encima le vienen con recortes, pero es que un político debe pensar en global, en una mayoría, aunque se arriesgue a hundir su carrera política: vocación de servicio y no puro ego.
Y sorprenden las duras medidas de Osborne, desde el gobierno británico, sin florituras, en un hacer lo que hay que hacer si lo que realmente se quiere es salir de la crisis con solidez. La crisis es distinta en los países serios. Qué envidia…
 

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