La respuesta que da la Biblia sobre la eutanasia

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La respuesta que da la Biblia sobre la eutanasia

Sin duda el objetivo principal de este gobierno socialmarxista es acabar con las tradiciones y los valores cristianos en España.

Empezando con la legalización del matrimonio homosexual, pasando por certificar el aborto, imponiendo la nueva ley de la educación, la ‘Ley Celaá’ y, ahora, justificando la eutanasia.

España se sitúa entre los primeros países del mundo, el sexto, para ser exacto, en reconocer la eutanasia.

Lo hace con un amplio acuerdo político en el Congreso de los Diputados: 198 a favor, 138 en contra y dos abstenciones.

Una vez que la ley pase el trámite del Senado, en las primeras semanas del año ya será legal en España que un enfermo solicite ayude para poner fin a su vida.

La Biblia no trata el tema de la eutanasia, mal llamada “muerte piadosa”, directamente.

Ahora bien, lo que menciona sobre la vida y la muerte nos ayuda a tener un punto de vista equilibrado.

Según la Biblia, está mal ponerle fin a una vida, pero eso no significa que haya que recurrir a medidas extremas para prolongar el proceso de la muerte.

La Biblia dice que Dios es nuestro creador. (Salmo 36:9): “La fuente de la vida”.

La vida es muy valiosa para él y, por eso, condena el asesinato, tanto si le quitamos la vida a alguien como si nos quitamos la nuestra.

El sexto mandato de Dios en Éxodo 20:13: “No matarás”.

Además, la Biblia indica que debemos tomar precauciones razonables para proteger nuestra vida y la de los demás.

(Deuteronomio 22:8): “Cuando construyas una casa nueva, pondrás un pretil a tu azotea; así tu casa no incurrirá en la venganza de sangre en el caso de que alguno se cayera de allí”.

Está claro que Dios quiere que valoremos el regalo de la vida.

¿Y si se trata de un enfermo terminal? La Biblia no justifica que se ponga fin a la vida de una persona, ni siquiera cuando su muerte es inminente o inevitable.

El ejemplo del Rey Saúl de Israel da prueba de ello. Cuando lo hirieron mortalmente en una batalla, le pidió a su escudero que lo ayudara a quitarse la vida.

(1 Samuel 31:3-4): “El peso de la batalla cargó sobre Saúl. Los arqueros tiraron sobre él y fue herido por ellos. Dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada y traspásame, no sea que lleguen esos incircuncisos y hagan mofa de mí, pero el escudero no quiso pues estaba lleno de temor. Entonces Saúl tomó la espada y se arrojó sobre ella”.

El escudero se negó, pero tiempo después otro hombre dijo que él había ayudado a Saúl a cumplir su deseo, aunque era mentira.

David condenó a ese hombre por derramamiento de sangre, pues veía ese asunto igual que Dios.

(2 Samuel 1:6-16): “David le dijo: Tu sangre sobre tu cabeza, pues tu misma boca te acusó cuando dijiste: Yo maté al ungido de Yahveh”.

La muerte es nuestro peor enemigo, la consecuencia del pecado que hemos heredado.

(Romanos 5:12): “Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos habían pecado”. Las personas que respetan la vida buscan el mejor tratamiento médico posible.

Vivimos en lo que a veces se describe como una “cultura de la muerte”. El aborto a petición se ha practicado durante décadas. Ahora algunos proponen seriamente el infanticidio.

Y la eutanasia se promueve como un medio viable para resolver varios problemas sociales y financieros.

Este enfoque en la muerte como una respuesta a los problemas del mundo, es un giro total del modelo bíblico.

La muerte es un enemigo. (1 Corintios 15:26): “El último enemigo en ser destruido será la muerte”.

La vida es un don sagrado de Dios. (Génesis 2:7) “Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente”.

Cuando se le dio la opción entre la vida y la muerte, Dios le dijo a Israel que “escogiera la vida” (Deuteronomio 30:19). La eutanasia rechaza el don y acoge la maldición.

Un tema relacionado con la eutanasia es el suicidio asistido.

Esencialmente, una persona que busca el suicidio asistido está buscando la eutanasia, con la ayuda de otra persona para asegurarse de que la muerte sea rápida y sin dolor.

La persona que asiste al suicida facilita la muerte haciendo preparativos y proporcionando el material necesario; pero la persona que busca la muerte es la que realmente inicia el proceso.

Al adoptar un enfoque de “no intervención” en la muerte misma, el facilitador trata de evitar que se le acuse de asesinato.

Los partidarios del suicidio asistido intentan dar un giro positivo usando términos como “muerte con dignidad”.

Pero “muerte con dignidad” sigue siendo muerte, “suicidio asistido” sigue siendo suicidio, y el suicidio es un gran error.

La verdad primordial de que Dios es soberano, nos lleva a la conclusión de que la eutanasia y el suicidio asistido están mal.

Sabemos que la muerte física es inevitable para nosotros los mortales. (Salmo 89:48): “¿Qué hombre podrá vivir sin ver la muerte, quién librará su alma de la garra del seol?”.

Sin embargo, sólo Dios es soberano sobre cuándo y cómo ocurre la muerte de una persona.

Job testifica en (Job 30:23): “Porque yo sé que (tú, Dios) me conduces a la muerte, y a la casa determinada a todo viviente”.

Declara (Eclesiastés 8:8): “No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte”.

Dios tiene la última palabra sobre la muerte.

(Apocalipsis 21:4): “Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado”.

La eutanasia y el suicidio asistido son intentos del hombre de usurpar esa autoridad de Dios.

Algunas veces Dios permite que una persona sufra durante mucho tiempo antes de que la muerte llegue; otras veces, el sufrimiento de la persona se acorta.

Nadie disfruta del sufrimiento, pero esto no justifica el determinar que una persona está lista para morir.

Con frecuencia, los propósitos de Dios son cumplidos a través del sufrimiento de una persona.

(Eclesiastés 7:14): “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera, Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él”.

(Romanos 5:3): “Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia”, enseña que las tribulaciones producen paciencia.

Dios se preocupa por aquellos que imploran por la muerte y desean que terminen sus sufrimientos. Dios otorga un propósito en la vida aún hasta su final.

Solo Dios sabe lo que es mejor, y su tiempo aún en la muerte de uno, es perfecto.

Acelerar activamente la muerte está mal; negar pasivamente el tratamiento también está mal; pero permitir que la muerte ocurra naturalmente en una persona con una enfermedad terminal no es malo.

Cualquiera que se enfrente a este asunto debe orar a Dios pidiendo sabiduría.

(Santiago 1:5): “Si alguno de vosotros está a falta de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará”.

Participar en la eutanasia es tomar el lugar de Dios al decidir el momento de la muerte.

Raad Salam Naaman
Cristiano católico caldeo de origen mesopotámico

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