Los extraños amigos

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La brecha abierta por Túnez y Egipto se ha enquistado en su avance libertario. En Libia, la guerra abierta se puede eternizar ya que la ayuda desde el aire prestada por occidente sirve para que Gadafi no arrase el país pero no para derrocar al dictador. Atreverse a bajar a la arena es otra cosa muy distinta a batallar con mando a distancia y aviones teledirigidos.

A diferencia del resto de dirigentes árabes con problemas, cuyo objetivo único parece ser esquilmar y durar en el poder para poder seguir haciendo caja a costa de sus pueblos, en el caso de Gadafi hay un matiz mesiánico importante que impide e impedirá su caída a medias tintas. Se cree su papel y morirá defendiendo su realidad trastornada.

En Yemen, el aún presidente Saleh se le ha adelantado en el dominó que los está tumbando a todos. Se marcha -veremos…- después de llevar al límite la posibilidad de quedarse sin llegar al punto de guerra civil y tratando de salvar los muebles al negociar una inmunidad total para no ser un refugiado de oro como el tunecino, ni ser detenido como Mubarak en su exilio interno. Al final va a ser el más espabilado.

Yemen es un país complicado: tribal como Libia pero con los agravantes de la pobreza y un desgobierno absoluto que ha aprovechado Al Qaeda para montar un centro neurálgico; allí están los campos de entrenamiento de Al Shabab, ramal fuerte en África y presente en la anárquica zona somalí, que incluso recibe pagos desde Eritrea para desestabilizar Etiopía -The African Jidah. Gregory A. Pirio-. Peligrosísimo es lo que puede ocurrir con los yihadistas a la espera y acechantes para mover ficha; y esperemos que el Consejo de Cooperación del Golfo que ha hecho de intermediario para una caída negociada de Saleh esté más que pendiente.

Otro Régimen ya maduro para caer es el de Siria, y un nuevo problema para occidente -al igual que ocurrió con Mubarak- pues la salida de tiesto del que ha sido hasta ahora aliado y amigo es espeluznante, ametrallando a los manifestantes y atacando los funerales y entierros de los que han caído el día anterior.

Argelia, siendo el país más poblado del norte de África con lo que eso supone si se moviera en masa por la libertad, se mantiene a la espera de los cambios constitucionales anunciados -que siempre decepcionarán- o directamente a que Buteflika no sobreviva a su propia salud.

Y Marruecos…, ¡ay Mohamed VI que también parchea con reformas constitucionales e indultos por la gracia divina mientras manda su Bentley en avión a Reino Unido para pasar la revisión!  Extraños, muy extraños amigos.
 

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