Los restos del naufragio

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No voy a comentar nada sobre los primeros en abandonar un barco, pero sí señalar que el hecho de que algunos de los convencidos comiencen a desembarcar es mala señal para quienes siguen confiando en llegar al puerto. No parece que este barco vaya a ningún sitio, y eso pone muy nerviosos a los que, viéndose a un paso del naufragio, han apostado en él todo su, por mucho que se supiera que era un imposible. 

El amago de independencia catalana se muere. Por mucho que los Rufianes del congreso y compañía intenten mantenerlo vivo, al menos en fachada, haciendo aspavientos, no parece que se vaya a levantar. Se puede prolongar un poco más o un poco menos la agonía y se le podrá dar algún tipo de apariencia de actividad, pero no parece que haya mucho que sacar. El invento termina, los que se fiaron demasiado de él están en su fase final y lo saben, y los problemas que tenemos ahora, que no son pequeños, van más allá de un grupo de exaltados pidiendo la independencia catalana.

La brecha creada en España va a ser difícil de solventar. El intento de aprovechamiento político de este invento intentando acercar más el ascua a su sardina por medio de radicalizar las posturas ha supuesto enfrentamiento y enconamiento entre españoles. A pesar de que todos sabíamos cuál iba a ser el final, se ha tensado y tensado la cuerda hasta el máximo. Y eso ha forzado a los ciudadanos a situarse en posiciones demasiado extremas lo que significa que el abismo entre unos y otros se haya agigantado. Y los que lo hemos ido advirtiendo y decíamos que nos parecía un error éramos tachados de tibios o de poco comprometidos, por lo que tampoco es una opción que ahora mismo pudiera ser aceptada por la mayoría. Así que toca recomponer, inventar, improvisar. Y a ver si a partir de ahí sacamos un encaje de Cataluña en España que nos sirva para mucho tiempo. Con la Constitución actual hemos podido aguantar 40 años sin grandes tensiones. Ese es el mínimo que nos tenemos que plantear.

 Es posible, sin embargo, que estos que fueron los primeros en subir y ahora son los primeros en bajar, sean, precisamente, los que mejor aprovechen los restos del naufragio. Diciendo que ellos ya no están en ese barco, igual quieren ver si queda algo de lo que se pueda rascar. Esperemos que tanto Cataluña como el resto de España tenga la suficiente visión para no consentirlo.

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