Madrid está lleno de baches

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Dado el tamaño que están alcanzando la mayoría, podría haber usado la palabra  socavones, pero puesto que se presta al chiste fácil sobre los gobernantes municipales, he preferido evitarla. Lo cierto es que, cada día más, vemos crecer en nuestras calles y aceras desperfectos que comienzan siendo pequeñas brechas, para luego convertirse en agujeros que, como no se arreglan, van creciendo y creciendo hasta suponer una verdadera incomodidad para viandantes y conductores y un peligro serio en ambos casos. Y no parece que la cosa vaya a mejorar.

Puesto que el tráfico en Madrid no ha cambiado prácticamente nada, y el suelo madrileño sigue siendo el mismo desde hace siglos, resulta evidente que ahora no se realiza una adecuada conservación de las calles, como se ha hecho hasta ahora y como corresponde a una ciudad importante como la nuestra. Todos conocemos la situación económica del Ayuntamiento de Madrid: una ruina. Pues bien, como siempre que uno pasa apuros en lo referente al dinero, comienza a tomar decisiones sobre en qué temas ha de recortar los gastos, para no ir aún a peor (si es que en el caso de nuestro Ayuntamiento eso fuera posible). Va a comenzar a ahorrar, a no tener desembolsos que antes sí tenía, lo cual puede ser hasta positivo si se saben elegir bien los recortes. Porque está claro que algo que antes se hacía ahora va a dejar de hacerse. En el caso de Gallardón resulta evidente que una de esas cosas que se hacían y ahora no se hacen es el mantenimiento de nuestras calles

La política es el arte de establecer prioridades. En Madrid el Alcalde ha decidido que entre sus prioridades no se encuentra mantener el buen estado para la circulación por la ciudad, sea en vehículo o andando. Tal vez parte de los enormes costes que ha supuesto la adaptación del Palacio de Correos y de su propio despacho dentro de ese edificio hubieran servido para mejorar el estado de nuestras calzadas. Tal vez las faraónicas obras de la M-30 se hubieran podido hacer por fases, como se hacen todas las grandes obras, de forma que el gasto tan grande que supuso, origen de la gigantesca deuda del Ayuntamiento, se hubiera podido fraccionar adecuándolo a las posibilidades de la ciudad. Tal vez…. Pero no es momento de recurrir al “Y si…”, sino de buscar soluciones para la situación actual. Y desde luego, la solución pasa por establecer un urgente programa de reparaciones de las calles, de las aceras, y ponerlo en marcha lo más pronto posible, antes de que la situación sea mucho más grave.

El problema es que el tema va a más. Lo que hace un par de años eran simples baches se han convertido en auténticas zanjas cada vez mayores. Agujeros en los que la rueda del coche se hunde y golpea de manera alarmante. Y en las aceras no es menor la repercusión de esta falta de cuidados. Las continuas obras no hacen sino agravar la situación y llenar aún más de trampas para peatones el ya de por sí complicado tránsito por la ciudad. A este paso, los ciudadanos de Madrid vamos a tener que pedir un plus de peligrosidad por circular por nuestras calles, mientras vemos cómo su aspecto va degradándose día a día.
 

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