No saber perder

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Devoro una interesante novela agridulce de David Trueba titulada Saber perder, pero estos días me estoy dando cuenta de que ya nadie sabe perder. Cuando yo era pequeño, era ya un perdedor y tiraba de un manotazo todas las piezas del ajedrez porque me habían hecho jaque mate. Pero también me daba cuenta de la grandeza de aquellos que perdían noblemente, sonreían e incluso felicitaban al ganador. Intenté imitarles y disimular el enfado de perder, pero ahora resulta que aquello de que lo importante es participar, que decía el barón de Coubertain, está ya más pasado de moda que la Arielita, a juzgar por las reacciones airadas que han tenido últimamente varias personas a quienes no les ha sonreído la suerte.

Por ejemplo, a Cristiano Ronaldo no le hizo mucha gracia que su equipo, el Manchester, perdiera ante el Barça la final de la Copa de Europa. por eso le hizo una fea entrada a Puyol, jugador rival, que le valió la tarjeta amarilla. “El Barça no mereció ganar en semifinales ante el Chelsea”, declaró este ilustre representante de la deportividad, y los valores deportivos. Pero bueno, ¿no sería mejor que te preocuparas de por qué tú no mereciste ganar la final -eso sí que está claro- y por eso la perdiste?

Más delito tiene nuestra afamada representante en el festival de Eurovisión. Porque vamos a ver, si no sabes perder, ¿por qué te presentas a Eurovisión? Pero si no ganamos nunca desde los tiempos de Salomé (1969) y Massiel (1968) de quien se dice últimamente que TVE compró los votos para que triunfara. Si fuera por mí, ni nos presentaríamos ni nada, no merece la pena el esfuerzo. Nos habríamos ahorrado 20.000 euros que fue lo que costó mandar a Soraya a Eurovisión, según ha declarado en el congreso Luis Fernández, presidente de la corporación RTVE. Seamos serios. Ni el mayor optimista del mundo se creería que España puede ser favorita en Eurovisión, aunque mandáramos a un coro celestial. Este año en concreto había que estar loco para apostar por Soraya, que no canta mal, pero que interpretaba una canción más hortera que un cerdito con un lazo rosa y una muela de oro.  Pero si quedamos demasiado bien. Penúltimos. Creo que las votaciones fueron un poco injustas con los que quedaron después de nosotros. Nos fue incluso peor que con la bufonada  de Chikilicuatre. Pues a Soraya ser penúltima no le ha sentado bien, así que le echa la culpa a TVE. “Es un castigo de Europa a TVE, porque no retransmitió la segunda semifinal”, ha explicado. “Europa se enfadó y empezaron con represalias” ha dicho la artista, y posiblemente se creerá que tiene razón, aunque por lo que tengo entendido la mitad de los votos los hacen por teléfono los fontaneros, oficinistas y ciudadanos de países como Lituania, que posiblemente no sepan si la semifinal de marras se ha emitido en España. 

Por su parte Uribarri, el hombre que retransmitía Eurovisión desde que yo era pequeño -hace tantísimo tiempo que la televisión era en blanco y negro y no existían los móviles-, tampoco se ha tomado con humor que le hayan jubilado por fin. Uribarri acusa a su sustituto, José Luis Guzmán, de haberle menospreciado, y de hacer predicciones “con errores garrafales”. ¿Pero es que este hombre quería morirse retransmitiendo Eurovisión? Uribarri, deja paso a las nuevas generaciones, que yo cuando me jubile me haré viajes del Inserso, no pienso ni leer al que me sustituya aquí escribiendo artículos para este periódico sobre la actualidad del futuro.
 

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