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12/02/2019 - Juan Julián Elola Ramón Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Ofendiditos

Tiene gracia esa figura de la campaña publicitaria de Campofrío: el grupo de aquellos a los que los chistes les resultan ofensivos porque consideran que atentan contra su libertad. Cargados de razón, arremeten contra aquél que ha dicho lo que les molesta, lo que no quieren tolerar. Porque, en el fondo, se trata de intolerancia.

La figura del “Ofendidito” está comenzando a inundar todo el panorama y cada vez se baja más el nivel de lo consideran ofensivo. Ya no vale con que algún comentario te desagrade. No es suficiente con que lo rechaces o lo recrimines por impertinente. Tienes que ofenderte. Y denunciar al agresor. Las vulgaridades se convirtieron en ofensas y, por arte de la Ley Mordaza, adquieren la calidad de delitos.

La última le ha sucedido a Pablo Carbonell por decir que hallar con vida a Julen es imposible tras 100 metros de caída por un agujero y mantenerse una semana sin comida ni bebida ni, posiblemente, oxígeno. Cuando se publique esto ya estará resulta esa incógnita, pero nadie puede negar que las posibilidades, si las hay, son muy escasas. Pero Pablo ha tenido que aguantar una lluvia de insultos de aquellos que consideran que decir eso es irrespetuoso. Como si la estadística o la realidad tuvieran una lógica de atención a los sentimientos personales.

Mucho más irrespetuoso fue cuando lideraba el grupo de música “Los Toreros Muertos” (nombre que hoy día podría acarrear penas de prisión para sus componentes). Llegaron a solicitar ir de teloneros de Isabel Pantoja, o eso cuentan las malas lenguas. Falta de respeto, humor negro, mal gusto. Todo ello a dosis elevadas, pero de 40 años después estas ocurrencias podrían ser consideradas delito. Puede ser irracional recurrir a esas actitudes para resultar gracioso, pero mucho más irracional es recurrir al código penal para castigarlas.

La mayoría de los espectáculos de humor los años 70 u 80 serían hoy considerados delictivos. Ni Gila, ni Tip y Coll, ni Martes y Trece podrían hacer lo que hacían entonces. Pero, a más a más, muchas de las obras de arte expuestas en el Museo del Prado no pueden reproducirse en Facebook. Serían censuradas.Si limitamos el humor o el arte a lo respetuoso, reverente y educado, no le queda sitio. La madurez de un pueblo se demuestra con la desaprobación generalizada del mal gusto o el humor ofensivo. Y somos un pueblo maduro, no deberíamos necesitar ir más allá.

Más graves son la actitud y los adjetivos de algunos padres en las competiciones deportivas de sus hijos. Con el agravante de un entorno de supuesto fairplay, y viniendo de personas que son supuestos referentes de comportamiento para los niños. Pero eso parece molestarnos menos.
 

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